Opinión

Durmiendo en el alambre

El entorno de Pedro Sánchez sostiene que con la aprobación de los Presupuestos «se resolvió el problema de la legislatura». Sin embargo, en ningún caso quedó solucionada la gobernabilidad del país. Máxime cuando el presidente camina convencido de que todos los demás tienen la obligación de sostener sus proyectos más decisivos. Se agarra permanentemente a que en el Congreso no existe una «alternativa aritmética» a él.

Y es verdad, por ahora. Abusa de ese margen de maniobra ya sea tirando de la mayoría de la investidura, ya sea, en «cuestiones de Estado» apelando a la responsabilidad de los llamados partidos constitucionalistas, especialmente el PP. Y que cada cual se retrate. Para los guionistas de La Moncloa ni siquiera existe la necesidad de abrir negociaciones ni de dialogar: buscan que acabe imperando la claudicación.

Con esa estrategia, llegó la semana pasada a la Cámara baja el decreto «clave» que canaliza el reparto de los fondos europeos. Sólo en el tiempo de descuento, y ante un predecible descalabro, Sánchez ordenó a los suyos atarle los números. Las luces de los despachos cercanos al presidente se apagaron de madrugada. En la trastienda, llamadas a rebato, tanteos a los partidos-escolta (desde el PNV a Más País pasando por ERC o Cs), la búsqueda de Bildu para garantizarse un colchón de apoyos...En esa tesitura andaba Sánchez hasta la inexplicada abstención de Vox.

«Llamada de Antonio Garamendi de por medio», cuentan desde la calle Génova, donde fue desatendida la petición de la CEOE. «En 24 horas, de ser derogado, un Consejo de Ministros extraordinario hubiera podido armar uno nuevo», añade el PP. Tal como dice un ministro «no hay Vox que por bien no venga». El Gobierno tiene a su jefe instalado en el alambre.