Nos lo imaginamos

Claman al cielo de Galapagar prosillas por lo bajini, pero ninguno dimite

FOTO: EUROPA PRESS/E. Parra. POOL Europa Press

«El mundo se ha acabado», dijo Manuel Castells, hechicero nivel 20 del que Luis Miguel Fuentes dijo que vive en un altillo con libros y peines que le atacan. El futuro es una milonga. Con suerte y andando el tiempo, nos despertaremos en el ayer. Van por ahí los hombres-cilicio del sermón y el antihumanismo celebrando nuestra destrucción y juran que de esta aprenderemos algo, y yo me pregunto cuáles son las lecciones de la muerte, la miseria y la destrucción. Espero que no aprendamos nada y que lo olvidemos todo porque ya solo aspiro a que esto pase para volver a aquel mundo que tanto se odiaba y que a mí tanto me gustaba. Así que vamos camino de un ilusionante pasado. Visto desde hoy, el 2019 adquiere un aire cretácico. Entonces, Pedro Sánchez se cuestionó en un mitin electoral sobre lo que sería de este país con Podemos en el Gobierno diciendo que hay presos políticos y defendiendo la autodeterminación de Cataluña. Se preguntaba si nos imaginábamos dónde quedaría España. Y nos lo imaginamos.

No tiene mérito hacer cosas que a otros le parezcan mal, eso lo hace cualquiera; la verdadera hazaña es hacer lo que a uno le parece mal. Ahí está Sánchez, que prometió exactamente lo contrario de lo que promulga. No es que yo u otro hayamos advertido de la necedad que supone aliarse para dirigir un país con los tipos que quieren destruir ese país tal y como está concebido, o del intento suicida de buscar el pacto de los Presupuestos Generales del Estado en los calabozos del Tribunal Supremo, no; es que de ese peligro advirtió el propio Sánchez.

Así andan ahora los ministros, humillados, descabellados, quebrados en el honor que es la madre de un Gobierno, y claman al cielo de Galapagar prosillas por lo bajini, pero ninguno dimite. Que ninguna de sus señorías del gobierno de Sánchez diga «Hasta aquí hemos llegado» da medida de cómo el poder sirve hoy para hacer pasar a hombres y mujeres cada vez más grandes por aros cada vez más pequeños. Mi hija mayor ha empezado a preguntar en casa por las cosas que salen en las noticias. Le doy las explicaciones y a mí me da vergüenza.