Vallecas Monedero

«Viene la república, 14 de abril, 90 años después, y hay que calentar el brasero»

MariscalEFE

Hay una vacuna para la que todavía no se ha encontrado una fórmula sin los efectos secundarios propios de la estupidez política: trombos biliares, episodios de fatiga seca y esa sensación de hormigueo mental ante un fulano que recita a lo mentecato lo que aprendió mientras se fumaba unos pitis. Hoy me viene a la cabeza desquiciada por culpa de estos espantapájaros la figura en alabastro de Monedero, actor secundario devenido en principal cuando fallan las estrellas principales, que vete a saber si andan buscando piso. No será en Vallecas, de donde huyeron y donde hoy tienen previsto hacer el paseíllo los de Vox. Monedero, erigido en patrocinador de la bienvenida a lo antiberlanga, agita un discurso de odio vestido de escrache justiciero que habría de dejar a los verdes morados de cardenales. Podemos ya tiene su hoja de ruta para esta campaña infame que hará de Madrid un patio de colegio en el que se pueden hacer prisioneros. Viene la república, 14 de abril, y hay que calentar el brasero, noventa años después, solo que esta vez no hay obreros por las calles y no se esperan asesinatos aunque entonces tampoco se intuían. El odio es un chiste al revés del que solo se ríen los que lo sienten y los que lo difunden. Maldita la gracia. A veces en la noche yo me revuelvo, como Dámaso Alonso, o como la vecina de enfrente, y paso largas horas ladrando como un perro enfurecido.

Madrid era una ciudad en la que a pesar de los excrementos de perros uno podía sentir la vida y nada más. Ahora, han llegado unos okupas a los que no les basta tomar un edificio; ansían la urbe entera. Monedero es la puntita del armatoste testicular que quiere echar a Ayuso por cojones y que, como un Don Quijote catódico, confunde su hazaña épica con un episodio de «La que se avecina». Solo cruzar la Comunidad los cuervos acechan a los que no siguen sus consignas y los buitres se encargan de acabar con la carroña. Si hoy una piedra acertara el cálculo matemático hasta llegar al centro de la diana, la culpa la tendría el destinatario por meterse en dirección ajena. El programa es ir a la contra mientras la bestia vomita. Un mes de espectáculo sádico.