La abuela de David Beriáin

David se quedó perplejo el día en que su abuela celebró el haber dado con su tío una vuelta en coche por el pequeño pueblo navarro en que había vivido siempre y que encontró «muy cambiado»

Alvaro BarrientosAP

La vida no da para conocer el mundo que se nos ha dado. Qué paradoja, un regalo que no da tiempo a abrir. Por nutrido que sea un pasaporte, los sellos no agotan los países ni apuran los rostros. En esta mañana de mayo, se me ha quedado prendida en el alma una frase del reportero David Beriáin, asesinado en Burkina Fasso, que decía haber elegido ser periodista porque «era la carrera que menos cosas dejaba fuera». No puedo estar más de acuerdo. La nuestra es la más hermosa de las vocaciones, porque permite entrevistar mendigos y príncipes, viajar a los confines del mundo, a los palacios y cloacas de la sociedad, explorar toda la belleza y toda la fealdad y hacer, que es lo más importante, todas las preguntas del mundo. Para el corazón inquieto, no hay aventura más grande.

David se quedó perplejo el día en que su abuela celebró el haber dado con su tío una vuelta en coche por el pequeño pueblo navarro en que había vivido siempre y que encontró «muy cambiado». «¿Pero cuánto hacía que no salías por Artajona?» le preguntó el nieto, con las espaldas curtidas de sus peligrosos viajes. «Quince años, hijo», respondió la anciana tranquilamente, «¡es que yo tengo muchas cosas que hacer en casa!». La respuesta impresionó tanto a David, que llamó «93 metros» a su empresa de reporterismo, porque la vida de su abuela había transcurrido literalmente en los 93 metros que iban desde la puerta de su casa hasta la de la iglesia donde rezaba. «Le llevó 93 metros -explicaba- encontrar las respuestas que yo busqué recorriendo medio mundo».

Hoy Beriáin yace en Artajona, ha muerto con 44. Roberto Fraile, de 47, descansa en Valdespino Cerón (León), después de haber sido asesinado con él cuando iba armado con su cámara. El mundo se les quedó corto para tanta sed. David, Roberto, ahora que por fin lo conocéis todo, ahora que podéis hacer todas las preguntas, para siempre, acordaos de nosotros, los que seguimos en el largo camino de 93 metros.