Al frente de la revolución

Es necesario reflexionar acerca de lo que significa que el Gobierno central español se mantenga gracias a los apoyos de quienes patrocinan e incitan a la violencia

NACHO DOCEREUTERS

La encuesta de NC REPORT publicada ayer en estas páginas de LA RAZÓN confirma lo anunciado por el tsunami conservador y liberal del 4-M en Madrid. La izquierda, o mejor dicho el progresismo, encabezado por el PSOE sanchista entra en caída libre y la derecha, encabezada por el PP, toma posiciones para alcanzar la mayoría absoluta. Una de las formas de entender el motivo de esta tendencia procede, no de Madrid, sino de Cataluña. Recientemente se ha publicado el último estudio, correspondiente a 2020, del Observatorio Cívico de la Violencia Política en Cataluña (OCVPC), un grupo de estudio independiente surgido de la colaboración entre Impulso Ciudadano y el Movimiento contra la Intolerancia. El resultado es devastador. Durante 2020, como en los años anteriores analizados en otros informes previos, “la violencia política en Cataluña volvió a provenir de manera abrumadora, casi exclusiva, del independentismo con 91,84% del total anual”. Un 2,90% procede de movimientos contrarios a la secesión y hay un 5,26% de casos sin origen detectado. Son particularmente interesantes las reflexiones del informe acerca del odio y la hispanofobia como elementos desencadenantes de la violencia, y de cómo este odio y esta hispanofobia están patrocinados por políticos, movimientos y medios de comunicación afines o subvencionados por la Generalidad. En otras palabras, por quienes apoyaron y apoyan al gobierno social podemita presidido por Pedro Sánchez.

No hay por qué deducir que Sánchez sea cómplice o corresponsable de esta oleada de violencia política que sacude la sociedad catalana. Pero sí es necesario reflexionar acerca de lo que significa que el Gobierno central español se mantenga gracias a los apoyos de quienes patrocinan e incitan a la violencia. (Como, por otra parte, lo hace en el País Vasco, con el pacto de gobierno PNV-PSOE).

Hay en el social sanchismo, efectivamente, un componente que no se encontraba en el socialismo anterior a él. No porque sea más o menos socialdemócrata o leal a la nación (aunque quien esto firma piensa que hay sobradas razones para ser sumamente escépticos en esto). Si no porque el social sanchismo se comprende a sí mismo como portador de un impulso de cambio muy particular, el nacido en torno a esa nueva revolución prometida en torno al 15M. También se puede ser absolutamente escéptico con la sinceridad de Sánchez a este respecto, pero eso es lo de menos. De nuevo el progresismo español, movido por la pulsión regeneracionista y el recambio generacional, se dejó mecer por la posibilidad de un giro radical. El PSOE, que podía haber gestionado el impulso de otra manera, se reencontró a sí mismo poniéndose al frente, como si por fin hubiera llegado el momento de hacer esa revolución que en nuestro país siempre está por hacer… El resultado ha sido la política de Sánchez en estos dos años, su alianza con Podemos y lo que era inevitable: la descomposición de este último y la decadencia del proyecto social sanchista. Y en Cataluña, en 2020, 380 incidentes de violencia política, más de uno al día.