Libros

El saber del mundo

Hay que escuchar también aquellas voces que disienten con la nuestra

Sabino Méndez

Las cosas se complican cada vez más en un mundo sobreinformado. Al ciudadano de a pie le cuesta una enormidad filtrar, entre todas las noticias y propuestas que caen sobre él, lo que es verdad y lo que es mentira El exceso de información nos confunde, nos despista y nos deslumbra. Pero que veamos mal no significa necesariamente que tengamos que estar totalmente ciegos. En el fondo, sabemos que huir de esa ceguera reside únicamente en una cuestión de manejo del tiempo. Es posible calcular aproximadamente cuántos libros podríamos leer en nuestra vida. Si descontamos los primeros años de ella, hasta que aprendemos a leer, y calculamos una vida media como lectores de, por ejemplo, 65 años, podemos suponer que, durante ese tiempo, siendo un excepcional lectófago, podríamos tardar cuatro días como media en terminar con un libro. Hablamos de un libro de tamaño medio, por supuesto. Para entendernos: ni El Quijote por un extremo de longitud, ni Indignaos por el otro, aquel escuálido panfleto de Stéphane Hessel. Puestas así las cosas, las matemáticas indican que, en ese espacio de tiempo, al cabo de una vida, si quisiéramos podríamos haber leído, como máximo, unos seis mil libros. Teniendo en cuenta que se publican doce mil títulos solo de novelas cada año queda, por tanto, ya bien claro que no se puede leer todo. Hay que seleccionar. Si solo leemos lo que reafirma las propias convicciones, lo que nos reconforta, lo que da la razón a nuestras ideas preconcebidas, no permitimos que avance nuestro juicio crítico. Hay que escuchar también aquellas voces que disienten con la nuestra, las que nos incomodan. Un buen ejemplo sería los programas de los partidos políticos. Deberíamos leer unos y los contrarios. Ahora bien, el problema es que los programas de los propios partidos se han convertido en mamotretos de 350 páginas donde se quiere cubrir todos los agujeros. ¿Se extrañan luego de la desconexión peatonal con ellos? ¿De dónde va a sacar tiempo un trabajador medio para leerse todo eso? O mejoran los partidos su trato con la prosa o la gente los verá como una casta cada día más lejana.