Quo Vadis Ciudadanos-PP
La generosidad, con independencia de la salud del socio, suele dar sus réditos también en política
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Resultaba especialmente indicativa la respuesta de Isabel Diaz Ayuso a Alsina en Onda Cero a propósito de dos recientes cadáveres políticos que Madrid ha dejado en el camino, ¿a quién echará más de menos, a Gabilondo o a Aguado? «A Gabilondo», respondía la presidenta en lo que supone todo un síntoma de lo que puede empezar a pasar en la relación institucional PP-Ciudadanos. La Alcaldía de Granada, la más importante ostentada por Ciudadanos en una capital española quedaba esta semana en el alero, después de que la mayoría de los concejales que la sustentaban, todos los del PP y parte del propio partido de Arrimadas, se pasaran al grupo de no inscritos ante la negativa del alcalde a ceder el asiento llegado el ecuador de legislatura y según el pacto en origen con los populares a quienes ahora correspondería el bastón municipal. Estaríamos hablando de una crisis municipal más, de no mediar como auténtico trasfondo lo que puede ser un calvario para Ciudadanos durante dos años, hasta las próximas citas con las urnas en comicios territoriales y generales.

El resultado del «4-M» en Madrid vino a ser el aldabonazo que certificaba un nuevo espacio en el centro derecha, ya con dos actores en lugar de tres, pero sobre todo –y lo de Granada no es casual– abre una etapa en la que una formación política cada minuto que pasa más amortizada, habrá de afrontar el ejercicio de funambulismo al que obliga la lucha por la subsistencia, trufada con la presencia en varios parlamentos autonómicos y multitud de ayuntamientos del país en los que la estabilidad política y la propia gobernabilidad dependen del factor naranja. Es aquí justamente donde el Partido Popular adquiere un papel de especial relevancia, porque de la estrategia en la formación liderada por Casado a la ahora de contemplar sus movimientos frente a Ciudadanos puede depender la respuesta más o menos atemperada de un partido que como el presidido por Arrimadas contempla los poco disimulados intentos del socio y vecino por fagocitar a quienes todavía mantienen y pueden usar su capacidad de decisión en no pocas instituciones del ámbito territorial. El ex naranja Hervías ya hace notar su trabajo en el PP, aunque no estaría de más tomar buena nota de otras inteligentes actitudes como la de Moreno Bonilla en Andalucía o el propio Almeida en Madrid. La generosidad, con independencia de la salud del socio, suele dar sus réditos también en política.