Los «caganers» del PP
Tienen clara la vileza que suponen los indultos, pero están atrapados por el miedo escénico que provoca el pensamiento único
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Dejémonos de miserias y niñerías. Acudir mañana a mediodía a Colón es una obligación moral. Seas de izquierdas, de derechas o de ese centro que no existe. El único carnet que hay que presentar a la entrada es el de demócrata. Cualquier tipo decente de ese PSOE transversal que simboliza González es bienvenido. Lo mismo cabe colegir de los podemitas de bien, que se niegan a comulgar con esa rueda de molino que representa la diabólica identificación izquierda-independentismo que han sacralizado Sántxez y el desaparecido multimillonario Iglesias. Cuando un Gobierno teóricamente constitucional tiene de socios a unos golpistas, a los que encima va a indultar, nuestro deber cívico es lanzarnos a la calle. El recurso al pataleo por cuanto no habrá manera de desahuciar a este pájaro de Moncloa en dos años y medio. Salvo que los sondeos le sean favorables, una utopía a día de hoy, intentará llegar a noviembre de 2023 para ser presidente de turno de la UE en el segundo semestre de ese año y para manejar a su antojo los 140.000 kilazos que llegarán de Europa, con o sin su correspondiente 3% de peaje. Casado y Abascal (de la tonta útil naranja del presidente ni hablo) han de dedicar todos sus esfuerzos a combatir a este imperio del mal que es la suma del PSOE de Sántxez, Podemos, ERC y Bildu. Y han de hacerlo en la calle, en el Parlamento y en los tribunales. Algo, esto último, que ha puesto a huevo un presidente que ha hecho de la prevaricación una forma de vida. ¿Qué es, si no, ciscarse en la unánime negativa del Supremo a los indultos? ¿Qué, si no un ataque a ese pilar de la democracia que constituye la separación de poderes, es ningunear el informe del tribunal sentenciador? Con ser todo esto grave, un golpe de Estado sobre el golpe de Estado, mucho más se antoja moralmente el «no» de una facción del PP (en la que no está Ayuso) a participar en esa protesta que inundará la plaza presidida por la bandera de 294 metros cuadrados? ¿Qué mejor tienen que hacer mañana los por otra parte eficaces barones Feijóo, López Miras, Moreno o Mañueco? No hay ineludible boda porque no tienen vástagos en edad casadera. Bautizos tampoco porque ninguno ha sido papá recientemente. Menos aún hay que lamentar luctuosos episodios de fuerza mayor. Darán plantón porque se hacen popó por el qué dirán. Los cuatro tienen clara la vileza que suponen los indultos, pero están atrapados por el miedo escénico que provoca el pensamiento único. Les entra el tembleque sólo de pensar la que les caerá de esa mayoritaria pléyade de contertulios de extrema izquierda, lo que escribirán de ellos los periodistas de cámara de Sántxez o lo que les soltarán Àngels Barceló, el payaso de Risto y los Echenique, Errejón o Monedero de la vida. Olvidan dos cosas: que Vox no es extrema derecha sino derecha conservadora constitucional y que los convocantes no son dos skinheads sino un luchador antifranquista (Savater) y una socialista que defendía la democracia en el País Vasco en los años de plomo (Rosa Díez). Hacerse la foto en Colón es éticamente mil veces más recomendable que posar al lado, metafóricamente o no, de Junqueras, Otegi, Iglesias o Puigdemont. Los ausentes serán involuntarios cómplices de Sántxez. Así de claro.