La arriesgada jugada de Sánchez
«La sala tercera del Tribunal Supremo cerrará el paso a cualquier sobresalto»
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Hay que reconocer que a pesar de mis discrepancias, Sánchez es capaz de asumir riesgos y lo hace con la cabeza alta, muy alta. Y lo ha hecho acudiendo a Barcelona para soportar protestas e insultos de los independentistas, así como de sectores contrarios a la concesión de indultos. El consejo de ministros aprobará este martes la decisión más controvertida de la legislatura y que entra en contradicción con lo que decía y defendía el PSOE antes de llegar al gobierno.

Esto último me sorprende menos porque todos los presidentes han tenido comportamientos similares y no hay más que recordar el «OTAN, de entrada no» de Felipe González para pasar a ser el más fervoroso defensor de esta organización internacional. Esto llegó al extremo, incluso, de que Javier Solana fuera su secretario general. No está mal el cambio para los jóvenes progres, la mayor parte hijos de las élites económicas e intelectuales, que iban a salvar a la clase obrera y plantar cara al “imperio” estadounidense. La coherencia no es un valor importante en política, porque siempre hay argumentos para defender lo contrario.

En el tema de la OTAN, por cierto, quien patinó y mucho fue el PP de Manuel Fraga que defendió la abstención en el referéndum y cometió un error impresionante, que no entendieron nuestros aliados. Fraga es una de las personas más inteligentes y académicamente mejor formadas que he conocido, pero no fue consciente de que estás incoherencias se pagan.

La situación ahora se reduce a un criterio de oportunidad política que busca la desescalada y los indultos no tienen marcha atrás. En el terreno judicial serán recursos pataleta, porque la sala tercera del Tribunal Supremo, que aceptó gozosa la expropiación del cadáver del «abuelito», cumplirá con la previsión gubernamental y cerrará el paso a cualquier sobresalto.

En lo que hace referencia al desgaste gubernamental, será nulo entre el electorado del centro izquierda, el resto le resulta indiferente. Sánchez sabe que no tiene que perder el tiempo en intentar pescar en zona ajena y se centra en la polarización con el espantajo de Vox que moviliza a los suyos en unas generales. Es verdad que no funcionó en Madrid, porque el PSOE estaba destruido y el candidato era poco creíble. Una vez más los riesgos están en la mesa de diálogo.