Nadar por el Sena para concienciar a Francia

«Con 20 años, ha recorrido en 49 días todo el río analizando el estado de las aguas»

Arthur Germain
Arthur Germain FOTO: Antena3

Todos recordamos los largos veranos antes de la vida laboral. Sin responsabilidades ni horarios, había tiempo para todo. Algunos hasta se aburrían.

Quien no va a olvidar su verano de los 20 años es Arthur Germain. Este joven nadador francés, hijo de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se ha recorrido el río Sena –desde su nacimiento hasta su desembocadura– para concienciar a los franceses del mal estado de las aguas de sus ríos.

Germain cuenta sus 49 días de odisea por el Sena, cuatro jornadas menos de lo que tenía planeado. Nadó entre 15 y 20 kilómetros a diario (unas seis horas de braceo) para recorrer los 775 kilómetros de río. «Al principio, el Sena es solo un pequeño arroyo, por lo que no podía nadar. Tuve que caminar arrastrando mi kayak de 100 kilos detrás de mí y después de cinco días a pie, ya pude nadar todos los días», reconoce.

Tiene las cosas muy claras para su edad. Con solo 16 años, fue el francés más joven en cruzar a nado el Canal de la Mancha y ahora ha vuelto a hacer historia. Las aguas del Sena están muy contaminadas, sobre todo a su paso por las grandes ciudades. Para dar fe, Germain ha subido todos los días en su blog una valoración de la calidad del agua. E incluso un doctor le ha tenido que vigilar, precisamente por las pésimas condiciones de las aguas, para que no llegara a ser perjudicial para su salud. En el Sena, desde que se arrojaron las cenizas de Juana de Arco en 1431, se ha vertido prácticamente de todo.

«Quiero que la gente reflexione sobre su estilo de vida y vean que se puede ser muy feliz con poco», explica Germain. Lo más complicado «fue el comienzo, cuando tuve que trepar por árboles que habían caído al cauce del Sena y la temperatura del agua rondaba los 10 grados». En su aventura, el joven ha descubierto «paisajes magníficos» y ha aprendido mucho «con los vecinos del Sena». Para el explorador, que por fin esta semana ha dormido en una cama, su viaje por el río ha sido esclarecedor: «Me he dado cuenta y he entendido muchas cosas. También he aprendido a estar solo. Nadar durante 50 días me ha permitido pensar y concentrarme en lo esencial».