«¡Gran atracción turística!»
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Sin negar que un volcán en erupción es un soberbio espectáculo de la naturaleza, reconozco que nunca pensé que la actual erupción de la isla de La Palma fuera motivo de celebración. La ministra del ramo, Reyes Maroto, lo ha calificado de «gran atracción turística», sin duda llevada de un celo profesional tan extremo que parece haber olvidado lo que piensan al respecto las miles de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares y temen por sus fincas ante la lava que discurre próxima a sus lares, tan hermosa como amenazante.

No sé si Sánchez aplaza su viaje a EEUU para seguir sobre el terreno la actuación de ayuda a los damnificados, o en realidad encubre también el propósito de amplificar el eco de la noticia y atraer así a más turistas al archipiélago canario. Dudo que Sánchez sea un buen reclamo turístico pero, por intentarlo, que no quede. De hecho, las ruinas de Pompeya, por ejemplo, son un atractivo turístico e histórico indiscutible tras la erupción del Vesubio, pero seguro que los pobladores y autoridades romanas del momento no se alegraron pensando que 1941 años después serían una fuente importante de divisas turísticas para la zona.

«No hay mal que por bien no venga», pensará la ministra Maroto, pero no es razonable afirmarlo cuando el volcán todavía está en erupción y no conocemos su balance definitivo en pérdidas humanas y materiales.

Al fin, rectificación ante una barbaridad así. Pero es este gobierno bonito, y tan feminista y progresista.