Opinión

Marlaska: el hundimiento

Yo no pienso que Grande-Marlaska sea un felón o un mal bicho. Reconozco que mantiene una relación especial con la realidad. Como la paloma de Alberti, confunde la noche y el día. El agua y el trigo. El sur y el norte. Los ataques a la delegación de Ciudadanos con historietas de poca importancia. O los méritos del coronel que defendió el Estado de Derecho en 2017, Pérez de los Cobos, con la pálida hoja de servicios del último chisgarabís que le magrea el sueldo en prensa. La novedad de un currículum asombroso es el atentado el pasado fin de semana, cuya condición yihadista negó igual que hace dos semanas denunció una agresió homófoba donde hubo una relación erótica consentida.

Pero el suceso de Torre Pacheco, en Murcia, que acabó con el atropello de varias personas, fue realizado por un lobo solitario. Un yihadista que asesinó a una persona e hirió a otras cuatro antes de suicidarse. Sorprende la pulcra compostura de un tipo que ha demostrado sobradamente su pendenciera condición de acordeonista al servicio del amarillismo y el titular jarrapellejos. Todo depende de si el material funge como granada de mano contra la oposición o si perjudica el relato oficial.

Claro que difícilmente el episodio superará en ignominia a los sucedido con Pérez de los Cobos, al que cesó como jefe de la Comandancia de Madrid por no desobedecer al juez para informarle del curso de una investigación. Como me explicó un amigo, los nacionalistas vascos y catalanes habían pedido su cabeza. Marlaska cumplió su parte del trato. El Estado escarmentaba así en el tricornio de uno de los guardias civiles más laureados de su generación. La célebre pérdida de confianza despedía un nauseabundo tufo a remake de «The wire». Se pongan como se pongan en la Audiencia, su ex compañero, por decirlo con el primer juez, había castigado al militar por «cumplir con lo que la ley y el mandato judicial ordenaban (...) de no informar sobre las investigaciones y actuaciones en curso; lo que, entre otras cosas, podría haber sido constitutivo de un ilícito penal». A Pérez de los Cobos primero lo sacaron de la Comandancia y después yugularon su ascenso a general. A pesar de ser el número uno de todos los aspirantes.

En 2018 Marlaska también purgó al jefe de la UCO, la Unidad Central Operativa, el coronel Manuel Sánchez Corbí. Sin olvidar la destitución de José Antonio Nieto González como responsable del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Policía Nacional, a tres meses de jubilarse, por un quítame de ahí esas mascarillas.

Los jueces estrella de los noventa hicieron un máster en dilapidar prestigios profesionales a base de patinar en política. Pero lo del magistrado de la Audiencia Nacional, el mismo que estuvo a punto de ser ministro con el PP, merece libro aparte. Pocas veces asistiremos al espectáculo gore de una desacreditación tan sistemática y devastadora. Con la singularidad de que el agente agresor, demoledor en sus tareas de ácido corrosivo, resulta ser el agredido. Juez y parte de una catástrofe reputacional entre la tragicomedia bufa y la sonata oscura de un naufragio irremediable.