Tecnología

La orfandad tecnológica

Cuando no me puedo conectar me convierto en un angustiado huérfano tecnológico

Los privilegiados habitantes de los países más ricos del mundo vivimos abrazados a la tecnología. Es la nueva deidad que inspira e impulsa nuestra existencia. Nos sentimos vacíos cuando el teléfono no funciona. Es angustioso olvidarlo. No es necesario aclarar que me refiero al móvil, porque muy poca gente utiliza el fijo. No recuerdo cuando fue la última vez que lo use. Millones de seres humanos se quedaron ayer sin WhatsApp, Instagram y Facebook. Estos sistemas de comunicación son tanto un instrumento de comunicación como de ocio. La inmensa mayoría de nuestros lectores utilizan la pantalla del teléfono para leer nuestro periódico. Cuando me levanto a las siete de la mañana cojo el teléfono que dejé allí a las tres al irme a dormir. Por supuesto, no lo pongo en silencio. A esa hora doy los buenos días a los compañeros que están de guardia y empieza mi comunicación con la redacción. Tenemos un chat de grupo donde se puede seguir la vertiginosa evolución de nuestras ediciones en papel y digital. Es un instrumento fundamental para que la «familia» de la Redacción se pueda comunicar.

El apagón se produjo por la tarde, cuando la mayor parte estábamos en la Redacción. A pesar de ello, mi orfandad fue absoluta. Es como cuando se cae el sistema y no funcionan bien los ordenadores o el otro día que no podía ver algunas webs en el de sobremesa. La tecnología ha transformado nuestras vidas de una forma espectacular, que solo las novelas de ciencia ficción y algunos visionarios eran capaces de imaginar. Mi padre tenía una colección de novelas y ensayos que leí hace años. No era capaz de imaginar que muchas cosas se cumplirían y la enorme rapidez con que la tecnología cambiaría, para bien, nuestro mundo. No se hasta dónde nos conducirá. El teléfono me sirve para todo y me ahorra un tiempo precioso. En primer lugar me comunico con mis compañeros y puedo organizar el diario, cuando es necesario me conecto telemáticamente, escucho la radio y veo la televisión e incluso me sirve para escribir mis artículos. Es mi inseparable agenda. Enlazo con páginas que me interesan y toda mi vida profesional y académica está a mi alcance gracias a Dropbox. Cuando no me puedo conectar me convierto en un angustiado huérfano tecnológico.