El tiempo de Sánchez
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Tras 30 años de hegemonía neoliberal, tras la globalización y sucesivas crisis, como la del 2008 o la del Covid-19, y otros problemas emergentes, el modelo político dominante ha tocado fondo.

Sánchez ha proclamado la vuelta a la socialdemocracia clásica del PSOE. Sin embargo, está por ver su significado y, sobre todo, su alcance. La cuestión es mucho más profunda que recuperar los más de cuatro millones de votos que ha perdido el Partido Socialista. Se trata de ver si es capaz de reconstruir aquello que necesita la sociedad progresista para volver a creer en la izquierda.

El independentismo, la inmigración y la extrema derecha son los grandes retos en lo político. La recuperación económica, redefinir la participación de lo público y las nuevas relaciones laborales que trae la digitalización lo son en lo político y la construcción de un nuevo marco de libertades y derechos individuales en una sociedad más justa culminan el proyecto.

La forma de hacer política en los últimos años no sirve para esta tarea. Reconciliarse con el pasado con un abrazo en un escenario y proyectar un partido unido es sencillo, pero abrir un debate limpio y cambiar las cosas requiere un liderazgo fuerte.

Cada gobernante tiene su etapa y, de la misma manera que González terminó la suya cuando Aznar llegó al poder o Zapatero que fue arrasado por las consecuencias de la crisis económica, Sánchez representa una forma de hacer política producto del fraccionamiento electoral y dirigida a obtener y conservar el poder al que sirve.

Las alianzas con populistas e independentistas y el tacticismo interesado son el caldo de cultivo para que Vox y el extremismo siga haciéndose fuerte entre los trabajadores manuales e importantes sectores ajenos a la participación política hasta la fecha. Un nuevo tiempo con el mismo Sánchez es una contradicción insalvable.