Vinagreta Thunberg

La protección medioambiental ha de ser cosa de todos y justamente, debido a ello, los líderes sensacionales solo pueden perjudicar la causa

FOTO: Jane Barlow AP

Será porque soy de barrio, pero siempre he desconfiado de los mesías, de aquellos que se asegura vienen para salvarnos. Cuando alguien me grita en la oreja el dictado de lo que se supone ha de ser mi conveniencia, me llevo la mano a la cartera (para comprobar que siga en su sitio) y me alejo a toda velocidad. En la zona donde yo crecí, había también un dicho que recordaba que quién grita más alto y más fuerte asegurando que defiende tus derechos, será el que los reprimirá más alto y más fuerte cuando alcance el poder, si con ello consigue su conveniencia. El refrán parece hecho a medida del caso de los Ortega en Nicaragua y habría que recordárselo también a Greta Thunberg antes de que cometa grandes errores, porque se le está avinagrando el carácter.

Es lógico y conocido que, al pasar de niño a adolescente, se nos revuelven a todos las hormonas y nos volvemos más irritables e impacientes. Pero no por ello hay que desdeñar o ignorar la sabiduría de tantos ejemplos y casos sucedidos. Todos podemos predecir perfectamente que, dentro de tres o cuatro décadas, Greta publicará el clásico libro de memorias en que se quejará y reprochará haber perdido su infancia por el activismo y todo ese (precisamente) bla, bla, bla que hemos escuchado tantas veces en confesiones de deportistas o artistas precoces, prematuramente retirados.

La protección medioambiental ha de ser cosa de todos y justamente, debido a ello, los líderes sensacionales solo pueden perjudicar la causa. Porque no es una idea totalitaria a imponer, sino una conciencia general que hemos de construir. Las Gretas que se convierten en Vinagretas solo consiguen que se aleje gente que deberíamos persuadir y que huyen al sentir rechazo por tanta gesticulación. Que alguien se lo diga pronto, porque se le está empezando a poner cara de Patricia Hearst y quienes conocimos los 70 ya tuvimos bastante de eso.