Los iluminados

La presidenta segunda del Gobierno y Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz
La presidenta segunda del Gobierno y Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz FOTO: Eduardo Parra Europa Press

Mi amigo L.M., que el martes está de cumple, dice que los iluminados son los más peligrosos, y no le falta razón. Ejemplos tenemos en la historia que así lo demuestran, véase Hitler sin ir más lejos. Pero a nuestra iluminada de hoy no le alcanza la inteligencia, querido, así lo demuestran sus intervenciones públicas: ora con la matria, ora con la saudade, ora con la política climática. Esta tía, la Yoli, intenta capitalizar el clima. Quiero decir, los rojos intentan capitalizar el clima y conseguirán que todos hagamos más avería en el medio ambiente por llevarles la contraria. Pero centrémonos en la compañera Díaz que hace lo imposible por sobresalir, pero quod natura non dat, Salmantica non præstat, o lo que es lo mismo lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga. Ahí la tienen renegando de ser roja (alguien le habrá dicho que lo que funciona es el centro), y acusando a los socialistas de imprudentes por celebrar la manifa del 8M en que todas salieron contagiadas: la Calvo, la Bego, la Montero, etc.

Otra cosa es Marta Ortega, que además de ser la razonable heredera, tiene una preparación de aúpa para presidir el imperio que creó su padre a partir de las ancestrales batas guateadas. Marta está en posesión de una mente limpia de miserias, no como la ferrolana que pretende nivelar por abajo, no por arriba, y maltrata al empresariado ignorando que ellos son los que crean empleo y enriquecen a un país, abatido en este momento por las consecuencias de la pandemia. También su colega la Colau dispara contra los bancos, por ejemplo, cuando la pasada semana unos okupas murieron en el local donde vivían, antaño sucursal bancaria. La bella Ada culpa a las entidades de desentenderse de sus locales cuando cierran sus oficinas. Un argumento para besugos, como puedes ver, querido Luis, pero, claro, en su trayectoria no consta más cosa que haber sido activista en las protestas contra la Guerra del Golfo. En general podríamos decir que los políticos de nuestro panorama actual son hábiles en hablar sin decir nada, no contestar a lo que se les pregunta, o, simplemente decir mamarrachadas y, sobre todo, mentiras. Esto lo manejan de cine.

En el exterior tenemos dos representantes patrios que están haciendo un buen papelón. Por un lado el expresidente Zapatero, que está dando oxígeno a la izquierda bolivariana. Se halla más o menos instalado en Venezuela, viviendo al rebufo del régimen, llenándose los bolsillos, que a nadie nos apetece una vejez miserable, pretendiendo alejar a Iberoamérica de Estados Unidos, tratando de eliminar a la OEA y procurando un acercamiento a China, donde tan bien se les da hacer desaparecer a personas contrarias al régimen, como por ejemplo la tenista de élite Peng Shuai, quien acusó a Zhang Gaoli, exviceprimer ministro comunista y uno de los hombres más poderosos de China, de forzarla a tener relaciones sexuales con él. ¿Dónde están las defensoras de agresiones sexuales de ultraizquierda, que ni han dicho ni mu ni han salido a manifestarse exigiendo su liberación? A mí, como al teniente Colombo, hay cosas que no me cuadran.

Otro representante de España en el mundo, José Borrell, está siendo muy criticado en el senado estadounidense por farsante y defensor de la dictadura venezolana. Buen papelón estamos haciendo ante el panorama internacional defendiendo lo indefendible. Claro que mis adorados yanquis tendrían que callarse la boquita porque el vejete que los preside ha sacado a las FARC de la lista terrorista, algo que ha sido criticado tanto por republicanos como por demócratas, que son los suyos. ¡Señor, señor, en qué manos está el pandero!

CODA. Los presupuestos generales del estado, que da por aprobados la salerosa María Jesú Montero, están todavía en el aire. Rufián y los otros socios filoterroristas exigen el 6% de las producciones de Netflix y otras plataformas en catalán. En Silicon Valley se preguntan ¿y eso qué é lo que é? Con lo cual, ya les digo…