Dinero gratuito

Si la inflación se mantiene alta a corto, medio y largo plazo, entonces el BCE tendrá que subir permanentemente los tipos de interés poniendo fin a la era del dinero gratuito

FOTO: KAI PFAFFENBACH REUTERS

Uno de los economistas más importantes de Alemania, Hans Werner Sinn, presidente del Instituto Ifo, acaba de publicar un importante artículo en Project Syndicate titulado «El fin del dinero gratuito». De acuerdo con Sinn, la alta inflación que están experimentando gran parte de las economías mundiales en estos momentos (6,2% en EEUU, 6% en Alemania o 5,6% en España) inevitablemente conducirá a que los bancos centrales terminen elevando los tipos de interés. En parte, la Reserva Federal estadounidense, por boca del recientemente reelecto Jerome Powell, ya ha reconocido que no le quedará más remedio que recorrer ese camino: hace pocos días, Powell alertó de que plantearía acelerar la retirada de los estímulos monetarios (lo que probablemente iría de la mano de subidas de intereses). Sin embargo, el Banco Central Europeo parece no darse por aludido: Christine Lagarde sigue repitiendo en sus alocuciones públicas que la institución no se plantea alterar su programa de monetización y mucho menos subir tipos de interés. Mas en este punto Sinn se muestra tajante: si el Banco Central Europeo persevera en su laxitud monetaria en medio de este fuerte repunte de precios, estará incumpliendo su mandato estatutario, de modo que la única opción del BCE será la de actuar. Y es que, a diferencia de lo que sucede en EEUU (donde la Reserva Federal posee un mandato dual de empleo e inflación, de modo que en ocasiones puede priorizar uno sobre el otro), en la Eurozona el mandato es único: mantener a raya la inflación, por lo que despreocuparse de la misma sería ilegal. Por supuesto, las esperanzas del BCE consisten en que, a mediados de 2022, los famosos cuellos de botella –que están ahora mismo elevando los precios desde el lado de la oferta– hayan remitido: en cuyo caso, podría evitar retrasar la retirada de sus estímulos monetarios. Pero, de acuerdo con Sinn, es harto probable que, a lo largo de los próximos meses, aparezcan nuevos motores de la inflación: por un lado, si EEUU acelera la retirada de los estímulos monetarios, el euro tenderá a depreciarse frente al dólar, lo que nos llevará a importar inflación; por otro, si la inflación se mantiene elevada y los tipos de interés nominales por los sueldos, entonces los tipos de interés reales permanecerán en territorio altamente negativo, lo que llevará a un crecimiento del endeudamiento que encarecerá los bienes de consumo duraderos (como la vivienda). A largo plazo, además, Sinn también menciona dos otros propulsores de la inflación que no debemos despreciar: por un lado, la creciente descarbonización de la economía adoptando fuentes de energía más costosas; por otro, el expansivo envejecimiento de la población que llevará a que la demanda agregada se mantenga y, en cambio, a que la oferta vaya declinando (más demanda y menos oferta, son mayores precios). Y si la inflación se mantiene alta a corto, medio y largo plazo, entonces el BCE tendrá que subir permanentemente los tipos de interés poniendo fin a la era del dinero gratuito. La conclusión de Sinn a este respecto es rotunda: «Dadas las circunstancias, los países europeos y el BCE deberían mandar una señal clara de que paralizarán toda nueva monetización de deuda. Si los políticos quieren gastar más en ciertas partidas, deberían recortar el gasto en otras. (…) La inflación actual marca el fin de la utopía de los recursos creados de la nada. La buena vida financiada por la impresora del Eurosistema ha muerto ya para siempre». De estar en lo cierto, España terminará teniendo problemas financieros muy serios.