Pandemia

La polémica de las mascarillas

«Ómicron pone de manifiesto que hubo un exceso de optimismo cuando se anunció la Nueva Normalidad»

El Gobierno ha conseguido crear un gran enredo con el tema de las mascarillas y la obligación de llevarla en el exterior aunque haya distancia social. Es algo ciertamente incomprensible que no tiene base científica, salvo la desconfianza sobre el buen criterio de los ciudadanos. He de reconocer que es una medida que me molesta mucho, porque tenemos una clase política, salvo excepciones, manifiestamente mejorable. No me refiero solo al gobierno de España, sino a todos los niveles.

Por supuesto, insisto, hay políticos que sí están a la altura de las circunstancias, pero en general les preocupan más las encuestas y las elecciones que la asunción de sus responsabilidades con la altura de miras que sería exigible en estas circunstancias. El completar la vacunación masiva es la mejor medida para combatir a una pandemia que parece que será endémica como consecuencia de su capacidad de mutación.

Hay que ver qué sucede con el paso del tiempo, pero la irrupción de Ómicron pone de manifiesto que hubo un exceso de optimismo cuando se anunció que se había conseguido la Nueva Normalidad. Es cierto que tenemos una memoria frágil, porque olvidamos la actitud autocomplaciente de nuestros políticos. Me gustaría que la gente dijera basta y no llevara la mascarilla cuando no fuera necesario, pero los ciudadanos somos unas sumisas ovejitas que obedecemos sin rechistar.

Es verdad que también sucede en toda Europa, pero es lógico porque es una consecuencia de la evolución del Estado que es omnipresente y domina nuestras vidas hasta extremos realmente inquietantes. He mantenido una posición firme y clara sobre la vacunación y me parece un disparate la actitud de los negacionistas. Lo sucedido con la inconstitucional aplicación del Estado de Alarma o el enfado contra los que lo criticábamos o hablábamos de dictadura constitucional muestra que entre el liberalismo sin límites y el intervencionismo existe un término medio que es el razonable.

Este es un grave problema para el futuro de la democracia, porque todo se puede justificar y, por tanto, establecer limitaciones de las libertades individuales y colectivas en base a los intereses de los políticos de uno u otro signo. La polémica de las mascarillas puede parecer irrelevante, pero es muy sintomática sobre el estado de la situación.