Hasta las puertas de la muerte

Cada día que pasa, a medida que se acerca el ciclo electoral, las desavenencias en el seno del Gobierno de coalición son más ostensibles

FOTO: Emilio Naranjo EFE

Puede que Pedro Sánchez esté pensando lo mismo que Bergamín en su día: «Con mis amigos los comunistas iría hasta las puertas de la muerte, pero ni un paso más». A esta conclusión habrá llegado, si no está completamente obnubilado por el disfrute del poder, después de tenerlos de socios y observar de cerca su comportamiento en la mesa del Consejo de Ministros y fuera de ella. Habrá comprobado estos días, con motivo de la crisis de Ucrania, que la actitud de UP es incompatible, bajo la capa de un falso pacifismo, con el sistema democrático occidental y con la alianza de defensa que rige en la Unión Europea y en Estados Unidos. Con semejantes socios en el Gobierno, es natural que tanto en Washington como en las cancillerías europeas se mire hoy a España con prevención, por más esfuerzos que haga el presidente por movilizar unidades militares hacia la zona del conflicto ofreciendo leal colaboración a los aliados por teléfono. No sería extraño que el nuevo canciller alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, le hubiera hecho a Sánchez alguna advertencia fraternal en su fría visita a La Moncloa el otro día.

Cada día que pasa, a medida que se acerca el ciclo electoral, las desavenencias en el seno del Gobierno de coalición son más ostensibles. Lo de menos es la pugna manifiesta por apropiarse de las medidas sociales, con fuerte carga electoral, como la reforma laboral o la subida del salario mínimo. Tampoco obligan necesariamente a la ruptura, aunque debiliten la acción gubernamental, las diferencias ostensibles en materia ganadera o ecológica. Todo eso entra en el juego normal de la política de partidos que compiten por un electorado de izquierdas –lo mismo pasaría en la derecha– y es, como se ve, tolerable, aunque muestre ya el descosido en las costuras. Lo preocupante es la radical diferencia en la forma de Estado, en el modelo constitucional y en la política exterior y de Defensa.

Eso es lo que está aflorando estos días ante el riesgo de un conflicto armado en el Este de Europa. Los comunistas españoles siguen prefiriendo la Rusia de Putin a los Estados Unidos de Biden. No han superado los tics del pasado. Aman los regímenes totalitarios que se definen progresistas, como Nicaragua, Cuba o Venezuela. Y sacan enseguida a la calle las pancartas arrugadas del «No a la guerra» y de «OTAN, no, bases fuera» como si ellos fueran verdaderamente pacifistas. Con estos comunistas, compañeros de viaje, camina Pedro Sánchez hasta las puertas de la muerte, pero puede, ya veremos, que ni un paso más.