Otegi y Junqueras, los nuevos jefes del CNI

Lo que jamás pudimos pensar es que entregase la cabeza de la directora del CNI a los que asesinaron a 856 compatriotas y a los que ejecutaron un golpe de Estado en Cataluña

FOTO: Nagore Iraola Europa Press

Que Pedro Sánchez es el tipo más mentiroso y bulero del universo ya lo sabíamos. También que es capaz de vender a su santa madre con tal de seguir viviendo en una Moncloa cuya calidad de instalaciones y cantidad de metros cuadrados para nada se asemejan a la vivienda de un españolito medio. Las dudas acerca de su subterránea catadura moral desaparecieron cuando pactó con ETA para poder continuar viajando en ese Falcon que es para él lo que la heroína para los drogodependientes. Lo que jamás pudimos pensar es que entregase la cabeza de la directora del CNI a los que asesinaron a 856 compatriotas y a los que ejecutaron un golpe de Estado en Cataluña no hace ni cinco años. El marido de Begoña Gómez ha consumado esta semana la destrucción institucional de España que inició su compi Zapatero y que él enfiló rumbo a la recta final a velocidades supersónicas. La nación más antigua de Europa, con un potentísimo Estado desde tiempos de Alfonso XIII, es hoy día el cachondeo padre, un reino de Taifas que asombraría al mismísimo Boabdil. La Guardia Civil va camino de su desaparición en Navarra; Cataluña y País Vasco detentan competencias de Estado; los tejeritos de ERC y JxCat se ríen de los magistrados del Supremo porque sus sentencias son papel mojado; en Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y no sé si Navarra mandará más pronto que tarde un terrorista gracias entre otras cosas al lavado de cara que les ha hecho el presidente; y tanto unos, etarras, como otros, golpistas, se llevan la madre del cordero de los Presupuestos mientras se castiga con sadismo a la constitucionalísima Ayuso. El no va más ha llegado esta semana en forma de mundo al revés: a la número 1 de nuestros servicios de inteligencia, Paz Esteban, se la ha guillotinado tras cumplir con su deber legal para contentar a quienes infringieron medio Código Penal, parte del otro y prácticamente toda la Constitución. ¿Para qué carajo están nuestros espías si no es para tener controlados 24/7 a quienes quieren cargarse las normas que nos regalamos tras 40 años de dictadura? Adivina, adivinanza: ¿saben ustedes cómo se llaman los servicios secretos internos de Alemania? ¡Oficina para la Protección de la CONSTITUCIÓN (BfV)! La gran diferencia entre la hipergarantista España y la mayoría de nuestros aliados occidentales es que aquí no se efectúa ninguna intervención telefónica ni se practica ningún seguimiento sin la autorización del magistrado de la Sala Tercera del Supremo Pablo Lucas. Ni uno. En Estados Unidos es el presidente el que ordena los espionajes o, en su defecto, el jefe de la CIA o el de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Los jueces ni están ni se les espera. Lo que ya no tiene nombre es que la destitución de la honrada y eficaz Paz Esteban se emplee como cortina de humo para desviar la atención de un no-escándalo que en un 90% es una patraña de los indepes catalanes y de la desprestigiada revista neoyorquina New Yorker. O que se invente que se ha enterado ahora de los ataques con Pegasus por parte de Marruecos cuando lo sabía, y ahí está el inequívoco documento del CNI publicado por Okdiario, desde «julio de 2021». O que justifique el ajusticiamiento de Paz Esteban por los pinchazos desde Marruecos, cuando los han padecido desde Macron hasta Merkel, pasando por Obama. El culmen de esta infamia es dar acceso a los secretos oficiales al golpista Rufián y a la filoetarra Aizpurua. Pongo punto y final parafraseando a Sánchez: ¿de quién depende el CNI? Obvio: de Otegi y Junqueras.