Religion

Tocar la guerra

No podemos resignarnos a contemplar plácidamente en nuestro diván las imágenes de una guerra no tan lejana de nuestras fronteras y en todo caso bárbara e inhumana.

Antonio Pelayo

Durante tres días de esta semana, del miércoles al viernes, el secretario vaticano para las Relaciones con los Estados, cargo equivalente al de ministro de Asuntos Exteriores, ha visitado Ucrania. El arzobispo Paul R. Gallagher después de haber contemplado las horrorosas fosas comunes de Bucha y de otras ciudades como Vorzel e Irpen ha declarado: «No es lo mismo ver la guerra por televisión que tocarla en la realidad». Al mismo tiempo declaró su conmoción ante el «sufrimiento de los refugiados que han tenido que dejarlo todo y esto es realmente difícil porque la mayoría son mujeres, niños y jóvenes».

Al mismo tiempo, el diplomático vaticano advirtió del peligro de que la comunidad internacional, cerca ya de los cien días de la invasión rusa, comience a sentir, hastío o cansancio ante las noticias que llegan de Ucrania. «Desgraciadamente en todos los conflictos aparece el cansancio incluso en el apoyo a un pueblo en dificultad. El cansancio llega también por el hecho de que no se encuentra una solución, de que las cosas continúan durante un largo tiempo».

Gallagher ha mantenido encuentros con los más altos representantes de la iglesia católica ucraniana y con su homólogo el ministro de Asuntos Exteriores Dmytro Kuleba. En la conferencia de prensa posterior recalcó la total disponibilidad de la Santa Sede para favorecer los coloquios que lleven a una negociación que pueda desembocar en un final pacífico del conflicto. Francisco lo ha repetido hasta la saciedad y no ceja en su empeño de hacer callar el estruendo de las armas. «La guerra –ha dicho– es una locura y un fracaso de toda la humanidad». Por lo tanto no podemos resignarnos a contemplar plácidamente en nuestro diván las imágenes de una guerra no tan lejana de nuestras fronteras y en todo caso bárbara e inhumana.