Ayuso y el horizonte del PP

«Es una figura política de primer orden, tanto para sus seguidores como para quienes no la soportan»

Vicente Vallés

Una de las palabras más utilizadas estos días para referirse a la elección de Isabel Díaz Ayuso como presidenta del PP madrileño ha sido la de «entronización». Si continuamos con el lenguaje monárquico, podríamos completar la frase asegurando que los populares de Madrid han entronizado a la reina Isabel de las Tabernas. Elegida o entronizada, Ayuso es ahora la mujer más poderosa de la política española, junto con las vicepresidentas Nadia Calviño y Yolanda Díaz. Ya tenemos, por tanto, una mujer poderosa en el centro derecha, otra en el centro izquierda y otra en la extrema izquierda (o lo que sea eso del «espacio de Yolanda Díaz», según definición de Pedro Sánchez).

En 2019, Ayuso encabezó la candidatura del PP en las elecciones autonómicas de Madrid cuando casi nadie conocía su nombre. Hoy, tres años después, es una figura política de primer orden, tanto para sus seguidores como para quienes no la soportan. En buena medida, son precisamente quienes no la soportan los que han convertido a Ayuso en lo que es. El primero, Pedro Sánchez al ningunear a Pablo Casado confrontando con Ayuso. Sí, Casado quedó fuera de la ecuación, pero a cambio Ayuso fulminó a las opciones de izquierda en las elecciones de hace un año (el PSOE ya no es, ni siquiera, la segunda fuerza política en Madrid). Y ahora, los socialistas tienen enfrente a una líder del PP madrileño con todo el poder en su mano y cerca de la mayoría absoluta, y a Feijóo en el despacho noble de Génova 13, y con el viento de los sondeos a favor.

Nada de esto es definitivo, porque la palabra «definitivo» no existe en política, ni en el fútbol (pregunten a Mbappé). Pero el panorama que a principios de este año era oscuro para la oposición (la batalla campal entre Ayuso y Casado, que provocaba la debilidad política de su partido), ha virado hacia un horizonte más despejado para el centro derecha, cuando entramos en una etapa de sucesivas convocatorias electorales, empezando por Andalucía. Solo el PP se lo puede estropear a sí mismo, y ya ha demostrado que sabe hacerlo. Varias veces.