Política

Una ejecutiva de mansas ovejitas

El PSOE no tiene barones, porque a lo sumo son baroncitos a los que les tiemblan las piernas ante Sánchez

Menudo espectáculo ofrecieron los dirigentes del PSOE. No esperaba gestos heroicos. Muy pocas veces se producen en los partidos. Lo razonable hubiera sido que se mostrara alguna inquietud por la debacle en Andalucía e hicieran preguntas en la ejecutiva federal. No fue así. El modelo de partido surgido de las primarias excluye, por supuesto, cualquier atisbo de autocrítica, pero nunca imaginé que se llegara a una situación tan esperpéntica. Nadie dijo nada. Estamos ante un órgano atrofiado que puede desaparecer sin que nos demos cuenta. No es más que una colección de palmeros al servicio de líder. Es el resultado del modelo clientelar de partidos que se ha instaurado en España, donde la supervivencia personal es lo único que importa. Les preocupa perder el cargo o el favor del líder. Es terrible sufrir la condena de la defenestración. Por otra parte, el PSOE no tiene barones, porque a lo sumo son baroncitos a los que les tiemblan las piernas ante Sánchez. No hay duda, lo he dicho y escrito muchas veces, que es el secretario general que concentra mayor poder, como un autócrata, desde los tiempos de Pablo Iglesias. La realidad es que nadie se atreve a llevarle la contraria. Me parece un error, porque le podrían decir que no es infalible y que Espadas era un desastre.

El problema de este modelo, resultado de proceso de encumbramiento de las primeras, es que el PSOE ha quedado vaciado y sólo cuenta el Gobierno. Es el regreso del bonapartismo, con un régimen endogámico y sin críticas que Sánchez debería extinguir si quiere abrir una nueva etapa donde le quede partido para las próximas generales. No hay nada peor que los pelotas y los palmeros, porque se venden al mejor postor. Ahora todos son sanchistas, aunque lo único que les importa es colocarse pensando en su futuro. Lo sucedido el lunes le tendría que poner sobre aviso y, sobre todo, cabrear. El secretario general del PSOE debería mirarlos a la cara y constatar que son meros autónomas que pueden decir una cosa y la contraria. Es decir, unos agradadores profesionales. Debería romper este círculo vicioso. Este modelo caudillista hace que la salud del partido dependa de la que tenga el propio líder. No debería dejar su supervivencia en manos de los neosanchistas, los pelotas y los palmeros.