El desprestigio del CSIC

«Estamos ante un escándalo que debería soliviantar a toda la comunidad académica y al Parlamento»

Francisco Marhuenda

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es una de las instituciones más prestigiosas del mundo en su campo. No es una exageración. Está entre las diez primeras. Fue fundado el 24 de noviembre de 1939 y desde entonces ha realizado una labor extraordinaria en todas sus áreas de actividad. No hay más que ver sus publicaciones, exposiciones y los premios recibidos. Por ello, no se entiende la irresponsabilidad de la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, al nombrar presidenta a Eloísa del Pino. Es bueno recordar que el personal investigador del CSIC se estructura en profesor de investigación, investigador científico y científico titular. Desde su fundación hasta ahora, los presidentes habían sido catedráticos de Universidad o profesores de investigación. Eran profesionales de primer nivel y gran prestigio en sus respectivos campos. Nunca había sucedido que una profesional del nivel más bajo, como es Eloísa del Pino, asumiera la presidencia de este alto organismo del Estado. En todos los años que lleva como funcionaria no ha conseguido promocionar, ni siquiera, a investigadora científica. El nivel de sus publicaciones es tan pobre como escaso. Lo más destacado de su trayectoria ha sido el cabildear en el mundo político hasta conseguir este «premio» que no es más que un demérito para la institución.

Este nombramiento es una muestra de la inexperiencia y la frivolidad de la ministra Morant, que tampoco tenía ningún prestigio académico o investigador para asumir una cartera tan importante. Era solo ingeniera de Telecomunicación. La única excusa es que era un cargo político y podía servir de recambio a Ximo Puig. Del Pino tendrá que lidiar con profesores de investigación e investigadores científicos que están muy por encima de ella. Como profesor universitario y académico me duele profundamente que Pedro Sánchez haya aceptado semejante despropósito y quiero creer que nadie le ha contado el auténtico alcance de este desafuero. Le habrán dicho que es una investigadora del CSIC, sin especificarle que no es más que una científica titular. Es como si se designara a un profesor contratado doctor como rector de la UNED. Es el nombramiento más esperpéntico que he visto nunca. Estamos ante un escándalo que debería soliviantar a toda la comunidad académica y al Parlamento, porque la frívola cacicada de Morant es inaceptable.