La indignidad del régimen iraní

«Los únicos blasfemos son los clérigos satánicos que gobiernan Irán»

AP

Casi todas las religiones recogen la existencia del infierno y del paraíso. Hago esta aclaración porque no tengo un conocimiento universal de ellas. Estas dos figuras son la proyección de nuestros miedos presentes y nuestras esperanzas de futuro, aunque es muy fácil determinar el bien y el mal. Desde pequeño, siempre me ha producido una enorme tranquilidad creer en la existencia del infierno. La lista de seres humanos malvados es enorme y muchos han dejado este mundo sin pagar por sus pecados. Por ello, me gustaría mucho que pasaran la eternidad acompañados del diablo. Dos ideologías diabólicas como el nazismo y el comunismo crearon realidades políticas y sociales que excluían la religión. Era sustituida por el partido único. Dios nos otorgó el libre albedrío, aunque podría haber impuesto un mundo perfecto. Este término es confuso, porque cada ser humano tiene su propia idea de cuál sería el suyo. Savanarola, Lenin, Robespierre, Stalin, Hitler, Castro… tenían los suyos. Algunos integristas religiosos, como la dictadura teocrática de Irán, han conseguido imponerlo. Un conjunto de clérigos satánicos, indiferentes con la vida humana y fanáticos que mancillan el Corán y las enseñanzas de Mahoma, mantienen sometido a su país.

Son los responsables del intento de asesinato del escritor Salman Rushdie, un inocente ciudadano británico de origen indio. Dentro de la indignidad que caracteriza a la teocracia iraní, sus diabólicos dirigentes han conseguido superarse y ahora culpan al escritor y a sus seguidores de la agresión que ha sufrido. Es lo mismo que hacen los agresores de mujeres. No asumen su responsabilidad. Su único pecado fue escribir un libro que no gustó a esos dementes criminales. No me importa si es una novela buena, regular o mala, porque lo único importante es su derecho a escribirla. El portavoz del ministerio iraní de Relaciones Exteriores, Nasser Kanaani, mostró claramente la indignidad del régimen de los ayatolas al afirmar que los únicos dignos de reproche y condena son Rushdie y sus seguidores. Es verdad que su posición enlaza con la línea seguida por criminales políticos como los nazis o los comunistas rusos. Es un desprecio absoluto por la vida humana. Los únicos blasfemos son los clérigos satánicos que gobiernan Irán y que utilizan la obra de Dios para someter a su pueblo, así como amparar y extender el mal.