RTVE

RTVE

Recuerdo con auténtico espanto cómo había un cámara que, mientras hacíamos un programa en directo, nos gritaba e insultaba (literalmente, no exagero, tengo testigos) a quienes dábamos nuestra opinión en pantalla

Antaño colaboré en programas excelentes de RTVE, cuando el poder político me daba el visto bueno. Milagro que agradezco a quienes lo permitieron, teniendo en cuenta que no gusto ni a izquierdas ni a derechas ni a centrocampistas políticos. Conozco algo «la casa»: tiene profesionales de talento extraordinario. Por eso me afecta contemplar su decadencia. Sé que RTVE «puede» ser garantía de proyectos espléndidos, y de un servicio público en aras de la verdad. Disfruté sobremanera haciendo televisión allí. También lo pasé regular. Verbigracia, no guardo buen recuerdo de las habituales huelgas encubiertas de variados sectores profesionales, que ponían en riesgo el trabajo de los demás. Y tengo mis propias anécdotas pasmosas. Pesadillas en Prado del Rey. Recuerdo con auténtico espanto cómo había un cámara que, mientras hacíamos un programa en directo, nos gritaba e insultaba (literalmente, no exagero, tengo testigos) a quienes dábamos nuestra opinión en pantalla. El tipo trabajaba un mes sí y nueve no (por fortuna para los demás), porque se daba de baja por enfermedad constantemente. Disponía de una cámara que más bien era un monstruo metálico, provisto de un sillón como de malo de Mad Max, desde la que nos (des)enfocaba. A su lado, a pie firme, contaba con un sustituto, con cara triste de pringadillo (no era personal fijo), que lo relevaba cada diez minutos para que su espalda no sufriera. Iba a trabajar en una moto que competía en envergadura con el Challenger, y yo estaba segura de que tenía tantos derechos sindicales adquiridos que podría reclamar el Principado de Andorra algún día de colosal cabreo, si sacaba un ratito entre baja y baja para rellenar el papeleo… Hoy, una gran parte de la plantilla está a las puertas de una jubilación dorada. Él mismo se jubilará después de una vida laboral tipo «rey de Marruecos». El problema es que «el interés público» jamás fue prioritario para quienes –entre demasiados directivos y/o sindicatos extra ideologizados, y trabajadores súper empoderados y/o politizados–, han hecho de RTVE una mezcla de lodazal ideológico y momio de aprovechados. (Así va…).