España

La izquierda soy yo

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en el Congreso
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en el Congreso FOTO: Eduardo Parra Europa Press

El Gobierno ha presentado los Presupuestos Generales del Estado para 2023 en el Congreso de los Diputados. Los han presentado en tiempo y forma y han cogido a la derecha con el paso cambiado, porque esperaban una gran bronca interna, desunión y un nuevo enfrentamiento. Pero, no. Hay acuerdo aunque en Podemos han levantado la bandera de derecho al pataleo. El acuerdo ha sido entre el PSOE, el presidente Sánchez, y la vicepresidenta Yolanda Díaz. Podemos se ha dado cuenta que ya no es el epicentro de la izquierda en el ejecutivo. Vídeo de Iona Belarra llamando a la movilización, a la que auguro como máximo algún postureo, y un tuit de Pablo Echenique quejándose pero dejando claro que de romper nada.

Podemos llegó a la política española con un grito de guerra claro y diáfano: «La izquierda soy yo». Tanto se lo creyeron las huestes de Pablo Iglesias que pensaron que el sorpasso al Partido Socialista era cuestión de días porque el PSOE estaba embarrancado en una guerra fratricida. La ilusión duró poco. Llegó la moción de censura y entonces cambiaron un poco el diseño de presentación: el Gobierno será de izquierdas porque estamos nosotros, la izquierda genuina. Aquello duró hasta que dl vicepresidente Iglesias salió tarifando en defensa de la izquierda madrileña y Podemos quedó en tercera posición detrás de un PSOE diluido y de un Más Madrid con poderío.

Tras el fiasco madrileño, Iglesias señaló a Yolanda Díaz como su heredera sin pensar que la vicepresidenta piensa por su cuenta y se saca de la chistera una idea, Sumar. Todavía no está concretada, sigue siendo una idea pero que ha sido reconocida por el PSOE de Sánchez y en la que Podemos es solo una pieza, no es el elemento troncal. Esto no ha gustado en el partido morado. Andalucía fue un ejemplo y se pagó en las urnas. Sin embargo, Podemos no quiere dar su brazo a torcer y seguirá dando la batalla, aunque sea en el terreno del pataleo.

Para muestra un botón. Iglesias decía hace unos días en un tuit «Iván Redondo escribía en La Vanguardia que al PSOE y a UP les convendría ir en coalición, al menos en ciertas circunscripciones. Creo que el PSOE se lo propondrá a Sumar. Si Podemos e IU lo aceptaran, desaparecerían electoralmente como en Italia».

En la Cadena Ser remachaba que si «la izquierda pacta en posición de subalternidad las listas con el PSOE, será el fin de la izquierda». O sea, parece que Iglesias, y Podemos, han vuelto a aquello de «la izquierda soy yo», y prefieren la derrota de la izquierda para fortalecer su propia personalidad en un espacio que se les está escapando de las manos. Y los presupuestos son todo un ejemplo. Podemos ya no representa a la izquierda, aunque todavía no se han dado cuenta. El PSOE es la columna vertebral y Sumar una opción a su izquierda. Podemos todavía vive de sus recuerdos.

Redondo no proponía una alianza electoral generalizada, solo proponía aunar fuerzas en las provincias que eligen menos de 6 diputados para que Feijóo no hiciera un «arrastro» como en el tute y se llevara un buen número de escaños de salida ante la desaparición de Ciudadanos y un Vox diluido y a la baja. Las últimas encuestas así lo demuestran. Desde las de LA RAZÓN hasta la de El País pasando por El Mundo o El Confidencial. Los 20 diputados de ventaja de Alberto Núñez Feijóo en los sondeos se sitúan en estas circunscripciones. Podemos, ciertamente, no puede aceptar esta opción porque de hacerlo van a pasar a la historia con su breve historia. Mejor que la izquierda pierda para levantar cabeza.

No muy lejos de Podemos se encuentra Emiliano García-Page que se autoerige líder de la izquierda, otro que considera que «la izquierda soy yo», si el «sanchismo» pasa a mejor vida. Algún día, Pedro Sánchez dejará de ser presidente, pero los diseños de tiralíneas en despachos acaban siempre como el rosario de la aurora.