No todo vale en el negocio solar

La urgencia por transformar la sociedad de los combustibles fósiles en otra más renovable no debe amparar transgresiones urbanísticas ni servir de coartada para pelotazos en la gestión de las subvenciones a la transición energética

La proliferación anárquica de parques solares en campos y áreas urbanas dispara las alarmas de ingenieros y paisajistas, que reclaman una regulación más sostenible
La proliferación anárquica de parques solares en campos y áreas urbanas dispara las alarmas de ingenieros y paisajistas, que reclaman una regulación más sostenible FOTO: La Razón La Razón

La gestión de los fondos europeos para favorecer la transición desde los combustibles fósiles a las energías renovables está generando la aparición de una moderna casta de buscadores del oro verde que se esconde tras muchos de los parques solares o de molinos de viento que se están instalando en nuestro país. Esa circunstancia, unida al hecho que este tipo de instalaciones estén proliferando por doquier, lleva a algunos especialistas, ingenieros y paisajistas en su mayoría, a pedir a las administraciones el máximo de rigor en la gestión y reparto de los fondos, así como una regulación específica que ponga orden en la aprobación de los nuevos parques que, de manera descontrolada, proliferan ya por nuestros campos y ciudades, desencadenando en ocasiones auténticos atentados ecológicos contra la naturaleza, que tales energías pretenden preservar.

La instalación de parques eólicos y plantas fotovoltaicas es necesaria, pero debería hacerse de manera ordenada y excluyendo a territorios por sus valores naturales, ecológicos, paisajísticos o culturales. Así lo exponen numerosos expertos que alertan sobre el actual desorden regulador, no solo entre los diferentes territorios y autonomías, sino también por la ausencia de una normativa clara al respecto por parte de la Administración central del Estado e incluso la europea.

El Colegio de Ingenieros de Aragón, por ejemplo, hizo una declaración ante la proliferación de este tipo de instalaciones de energías renovables: 86 parques eólicos y 206 plantas fotovoltaicas, en ambos casos con sus infraestructuras de evacuación, a los que se suman 40 expedientes de líneas eléctricas más los que se tramitan a través del Ministerio de Transición Ecológica, con generación superior a los 50 MW.

Advierten de que la mayor parte de las ubicaciones «se encuentran muy lejos de los lugares de consumo» y necesitan «la implantación de líneas eléctricas que permitan la evacuación de la energía», por lo que estiman «necesario y urgente» establecer territorios que, por sus valores naturales, deben estar exentos de este tipo de instalaciones y que la tramitación se haga de forma rigurosa frente a la «brevedad» y rapidez actual, que permite toda clase de aberraciones, al sembrar los campos indiscriminadamente, constituyendo auténticas invasiones de suelo, rural, no urbanizable e incluso protegido, con frecuencia generadores de suculentos negocios verdes.

Los cazadores del nuevo oro renovable están al acecho y ya es sabido que hay mucha gente haciendo suculentos negocios con el maná solar que cae de Europa. Dinero rápido y sin demasiados controles. A costa de la naturaleza y el sacrosanto cambio climático.