13 años por dejar votar

De entre los mensajes que inundan las redes sociales, me parece muy descriptivo de la actual situación catalana, vista desde la óptica independentista, el siguiente: «13 años a Junqueras por dejar votar, 11 años a Forcadell por permitir un debate en el Parlament, 9 años a Cuixart y Sánchez por convocar una manifestación». Aplicando la misma lógica, la respuesta desde la perspectiva contraria es contundente: «30 años a Tejero por estropear la escayola del Congreso». En una situación de normalidad, estos comentarios serían una anécdota, pero la realidad de Cataluña es distinta. Las movilizaciones –incluso las violentas– son algo consustancial a la complejidad de las sociedades avanzadas. Pero esto es otra cosa: Durante años, el nacionalismo ha planificado y ejecutado desde la Generalitat, una estrategia de ingeniería social para conseguir una masa crítica capaz de dar un golpe al Estado en el momento que creyeran oportuno, y conseguir la independencia como anhelo de todo nacionalismo exacerbado. El daño que están ocasionado a Cataluña es inmenso, tanto en términos de autoestima, como de convivencia, prestigio y ejemplaridad, por lo que hay que actuar ya con firmeza, astucia y prudencia La barbarie, el desacato, y la desobediencia no pueden seguir cronificados, ejercidos e impulsados desde la Generalitat. La ley se debe aplicar con la firmeza que esta felonía exige. Esta situación y el régimen constitucional son incompatibles, y hay que optar por uno de los dos ya.