¡A por ellos!

Increíble pero cierto. O previsible pero patético. Según se mire. Ya sabemos de qué van los nacionalistas catalanes. Se les ve el plumero. Y no lo han disimulado a lo largo de la historia. Ahora hay que tocar arrebato por el voto inmigrante. Y es lo normal. Visto lo visto. Perpetrado lo perpetrado. Y teniendo en cuenta que a los latinoamericanos se les ha tratado por parte de las elites separatistas poco menos que como apestados y que a los magrebíes o pakistaníes o hindúes se les ha mimado porque se les podía instruir y educar bien en la cosa del catalán. Desde cero. Y con todo por ganar.

Es penoso para el conjunto de los españoles el ir y venir, el vértigo y la sinrazón, los volantazos de los promotores de un proyecto separatista condenado a morir desde el minuto cero. Sólo desde el delirio se puede entender que en un momento en el que se trata de sumar, de colaborar, de cooperar y de hacer un camino juntos para salir de la crisis y triunfar en el levantamiento de un proyecto común, a algunos se les ocurra romper, aislar, dividir, emponzoñar, envenenar y salir más allá de nuestras fronteras a debilitar la patria común.

No podemos decir que quienes están dando bruscas zancadas en este endemoniado camino generan vergüenza ajena porque, lo quieran o no, son nuestros compatriotas. Los que buscan desesperadamente el respaldo del extranjero son sangre de nuestra sangre, carne de nuestra carne, huesos de nuestros huesos. No se trata de que tengamos el conjunto de los españoles que buscar la complicidad en sus sentimientos, en los afectos, en las emociones. Eso sería lo natural. Si no les convence ese camino recto habrá que enseñarles el de la ley, que es el que toca. Ahora, ayer y siempre.