Adorables «Goyas»

Puedo asegurarles, y se lo aseguro, que a estas alturas del mes de febrero ignoro si el guateque de los «Goya» se ha producido ya o está pendiente su celebración. No entiendo mi falta de sensibilidad con el mundillo del cine español. Más aún cuando este año la fiesta ha adquirido un interés muy especial con el «Goya» a la mejor película rodada en catalán que ha resultado ser una cinta muda. Es muy probable que el conductor del importante evento y algunos de los premiados no hagan mención alguna a los mil quinientos millones de euros que han desaparecido con los ERE falsos de Andalucía. Y no se acordarán de su colega Amy Martin, eficaz creadora y realizadora de cortos cinematográficos. Pero pueden estar seguros de que Mariano Rajoy se va a erigir como el triunfador de la noche, siempre

–insisto–, que la fiesta no se haya celebrado.

Reconozco mi impostura. Escribo de lo que no he visto y de aquello que no veré. Tampoco pierdo ni un minuto de sueño con los «Oscar» de Hollywood, aunque en el festolín del Teatro Kodak los asistentes acostumbran a presentarse más limpios y mejor vestidos que los de aquí. Y los americanos, dueños y señores del Cine con mayúscula, han tenido la buena educación de crear unos premios más livianos y adaptables a la decoración de un hogar. Para la gente de nuestro cine –ahora con minúscula–, ganar un «Goya» equivale a la consecución de un sueño. Lo celebro. Pero si ganan tres «Goya» tienen que vender la casa, no por el espacio, sino por el peso. He mentido anteriormente. Sí he visto una edición de los «Goya», la que coincidió con el hundimiento del «Prestige». Y consideré que la gente que se dedica a eso, al cine español, no se respetaba. Se trataba de una fiesta reunida en torno al cine y sólo hablaban del «Prestige» y del responsable máximo de su hundimiento, que no era el capitán, claro, sino Aznar. Se me antojó muy rara la fiesta, porque Aznar no se dedica al cine ni había ganado premio alguno, pero se habló de él mucho más que de los ganadores de aquel año, que no recuerdo quienes fueron, y muchísimo que lo siento. Después, leyendo las reseñas de prensa de las últimas ediciones, comprobé con satisfacción que Aznar era ninguneado, que no se hablaba del paro de 5.000.000 de españoles, ni de Pepiño Blanco, ni de los ERE de la Junta de Andalucía, ni de la corrupción, ni de nada que no tuviera que ver con el cine mondo y lirondo. Pero este año –me disculpo si se ha celebrado ya el evento y no me he enterado–, mucho me temo que se hablará de Rajoy y del PP, entre otras razones, porque de algo hay que hablar cuando se premia a una

película muda.

Además, será motivo –la fiesta–, para el alto regocijo. Por alguna información periodística he sabido del estado de buena esperanza de Penélope Cruz. No se sabe si es niño o niña, pero el cine español siempre celebra la llegada de uno de los suyos, aunque en este caso los suyos, muy de izquierdas como está mandado, vivan en California y se hayan olvidado de los saharauis y los palestinos. Pero todo esto carece de importancia y hay que tener muy mala intención para reincidir en el asunto.

Por lo demás, la entrega de los «Goya» –si no se ha llevado a cabo ya–, será como siempre culta y equilibrada. Por algo son los representantes de la cultura sus protagonistas. Si algún día me interesa asistir, leeré un libro, seré culto, y a disfrutar.