Alfonso en el cielo

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Al menos hacía cinco años que no hablábamos y se ha muerto de repente. Podría desesperarme por no haberlo disfrutado más, pero ha sido estupendo conocerlo. Alfonso Coronel de Palma tenía una cabeza noble y grande como su corazón –por algo le ha estallado– y una mirada compasiva, un poquito divertida por la pequeñez del ser humano y asombrada ante la obra de Dios.

Presidente del CEU y de la cadena COPE, inolvidable impulsor de «Católicos y Vida Pública» y la llegada del equipo de periodistas deportivos de la SER a la emisora de la Iglesia, tenía una fe frontal, de niño.

Cuando le venía una mala idea, se tiraba al confesionario. Seguía la máxima de su madre: «Mantente en gracia y pásatelo en grande». A Alfonso le costó vivir, pero a la vez supo disfrutar a manos llenas ¡cuánto nos hemos reído! Adoraba a su mujer, la gran Merche de la Mata, a la que conquistó tras lento y minucioso asedio. De aquel amor juvenil nacieron seis hijos hermosos que han tenido el privilegio, tan raro hoy, de unos padres enamorados.

Se me ha muerto un amigo. Porque amigo es el que te acompaña al Destino. Como el gran señor que fue, está preparado para abrir la puerta ahí arriba. A lo mejor me regala un roscón, como hacía todas las Navidades.