Apostar por los más jóvenes

Con frecuencia se nos cae el alma a los pies cuando vemos teatros o auditorios en los que, muy mayoritariamente, asisten personas de elevada edad. Por cierto, sin descuentos especiales, ya que se suponen con elevado poder adquisitivo y, según los responsables de estas instituciones, «si reducimos el precio a la tercera edad, ¿con quién vamos a aumentar la taquilla?». Sí que hay descuentos para los más jóvenes, pero antes de poder acercarse a una hay que sentir interés. Interés, deseo y compra es el proceso clave de cualquier estrategia comercial. De ahí que las instituciones culturales de todo el mundo hayan de elaborar programas para acercar la cultura a los más pequeños, aunque pueda no ser fácil enseñar a un niño pintura, literatura o música. También hay veces en los que a uno se le levantan los ánimos, como en el Auditorio Nacional con los conciertos centrados en bandas sonoras, a los que se ve acudir a muchos padres con sus hijos. Hay instituciones en España que desarrollan programas didácticos de muy variado tipo, conscientes de que el futuro de ellas sólo será viable si logran renovar ese público casi anciano: ABAO, el Teatro Real, el Liceo, la Zarzuela, la Fundación March, etc. Esta última lleva desde 1975 programando recitales para jóvenes que asisten con sus colegios y acompañados de sus profesores. Son ya más de 3.000 conciertos por los que han pasado casi 850.000 chicos. Se trata de estimular la experiencia estética y musical de los estudiantes a partir de un tema concreto y con explicaciones, imágenes, ejemplos sonoros y otros materiales, como guías, elaborados para el propósito. Una experiencia muy cuidada y planificada. Otras entidades programan espectáculos dedicados a los más pequeños, diseñados ex profeso. Así «Flautas mágicas» o «Gatos con botas». La Zarzuela ha llevado estos días a colegios para una versión modernizada –con redes sociales en vez de corrala– de «La revoltosa», puesta en escena por jóvenes debutantes. Los niños, entre 8 y 15 años, la siguieron con atención durante 90 minutos. No resultó una sorpresa comprobar que lo que más les llegó fueron las morcillas: «¡Tienes menos porvenir que el Atleti en la Champions!» o «¡Tú puedes ligarte a quien quieras porque eres hombre y yo no, porque soy mujer!». Los tiempos no han cambiado tanto. El coloquio final entre niños y actores bien podría alimentar más la afición con una mayor preparación previa por parte de los profesores, que no deberían limitarse a ser meros acompañantes. El caso es buscar caminos para interesar hasta lograr entusiasmar a esos menores que han de constituir el público futuro. Y esos caminos nunca son los bodrios de barrio a los que parecen reducir los culturales de algunos partidos políticos.