Artillería cobarde

Nunca por la puerta grande. Siempre por la trasera de esos tugurios que dan a callejones malolientes en los que se acumulan las basuras y, en ocasiones, se suceden las broncas y los ajustes de cuentas. Así opera el molt honorable a la hora de la verdad. Ése es su escenario. Con la poca luz que arrojan las viejas farolas, algunas con las bombillas fundidas. Sin poner la cara, buscando triquiñuelas de saldo, recurriendo al regate inútil que termina con el balón fuera del terreno de juego.

Las similitudes deliberadas, burdas e incuestionables entre los vídeos de la consulta ilegal del 9-N y el 27-S revelan la actitud del todavía presidente del Gobierno catalán. El quiero y no puedo. La rabia contenida y la impotencia exhibida. La pataleta. Bordear la raya que separa lo legal de lo ilegal, pero siempre en el campo de lo amoral, de la mentira y de la propaganda más burda.

Porque ésa es la fase en la que entramos de lleno. La pura campaña electoral con la artillería pesada y la infantería de guardia del separatismo empleándose de la forma más dura, pero con la cobardía más manifiesta. Es comprensible.

Porque en el fondo están reconociendo el fracaso de un proceso de independencia que ha sido conducido por el Estado de Derecho a una vía muerta, a un puerto sin barcos, a un aeropuerto fantasma. Y sólo les queda la vendetta.

No esperemos de las instituciones controladas por los clérigos del soberanismo información neutra y pragmática para que el ciudadano ejerza su derecho al voto. Pensemos más en el vídeo del desquite, en la represalia. En odres viejos no se debe echar vino joven, porque se rompe el odre y se estropea el vino. Piénselo, señor Mas. Piénselo.