Atrapados en la impostura

No ha sido un arrebato de decencia moral, en un partido escandalizado por un acuerdo indecente, el que tiene a Rubalcaba contra las cuerdas. El pacto con el acosador sexual de Nevenka lo conocía toda España desde días antes y no se hizo hueco entre las polémicas informativas hasta que Chacón lanzó su tuit para darnos a conocer que el acuerdo se le hacía «insoportable». Sólo cuando Chacón denunció lo evidente, el caso abrió en canal al PSOE y los medios despejaron sus portadas para hacerle hueco. Pocas veces una trampa política ha sido tendida con mayor habilidad para desnudar a un rival y dejarlo ante la opinión pública como un hombre sin principios y una maquiavélica ambición por el poder a cualquier precio. Rubalcaba ha sido víctima de la política descarnada. Sin la batalla abierta por el liderazgo del PSOE, lo de Ponferrada no hubiera pasado de noticia local. No porque no fuera un escándalo, que vaya si lo era, sino porque comportamientos tan inmorales se han visto en el PSOE sin provocar nunca algo parecido. Así que no imposten sus reacciones. Ni los que se dan golpes en el pecho por la integridad mancillada, ni los que se ven en la obligación de reconocer un error para proteger a un líder grogui. Son plañideras del oportunismo. Lleva años el PSOE entregando su política en el País Vasco a un presidente condenado por maltrato a su mujer sin que ninguno haya levantado la voz. Cedió Rubalcaba al chantaje del asesino De Juana alegando razones humanitarias mientras negociaba con ETA y ningún socialista difundió tuit alguno considerando «insoportable» comportamiento tan indigno. Tampoco escuché a Chacón cuando sus compañeros vascos cedieron su voto a Bildu para aprobar los presupuestos de Guipúzcoa el mismo día que se lo negaban al PP en Vitoria. Nos han acostumbrado a la impostura y ahora pretenden que veamos un ejercicio de virtud inquebrantable en lo que no es más que una pelea cruel por el control de un partido a la deriva.