Candidato Sánchez

Es alto, guapo y joven. Si la imagen cuanta algo –que sí– Pedro Sánchez tiene mucho ganado. Aunque su condición de diputado le ha llegado siempre de rebote – en 2009 ocupó el escaño que dejó libre Pedro Solbes, y en 2011 el de Cristina Narbona cuando ésta renunció– ha sabido aprovechar las circunstancias con tan buen tino que en estos momentos es el único capaz de enseñarle los dientes al caballero de la triste figura que es Madina. Sin embargo, Sánchez tiene un serio inconveniente, y es que, además de ser alto, guapo y joven, es moderado, y eso puede ser una tara importante de cara a un sector de la militancia que reclama más izquierda para recuperar el voto perdido.

Cuando las decisiones equivocadas se suceden; cuando para tapar un error se comete otro; cuando todos los caminos conducen al desastre, lo habitual es que se comience a perder la perspectiva; y es entonces, en ese río revuelto a medio caudal entre la desazón y la confusión, donde se corre el riesgo de querer salvarse del naufragio con un «todo a babor» o «todo a estribor» sin barajar ni siquiera la posibilidad de que, cabreos puntuales aparte, la sabiduría resida en el punto medio.

Madina es el hijo natural de Zapatero y Sotillos, el compañero de aula de Pablo Iglesias. Con el primero los socialistas endurecerían el rictus, y con el segundo se convertirían en un 15-M perpetuo. Por eso, si todavía queda algo de vida inteligente más allá de Rubalcaba, lo lógico sería que el candidato Sánchez consiguiera de una vez un escaño en el Congreso por méritos propios y que lo hiciera además convertido en secretario general. Es alto, guapo, joven y bastante sensato, cualidades que deberían pesar a su favor... aunque, tal y como está el patio, a lo mejor es eso precisamente lo que le termina matando.