Cebar a los extremistas

En su día, lo consideraron una jugada maestra. François Mitterrand, flamante presidente socialista de Francia, decidió debilitar a una derecha que le mordía los talones ayudando al Frente Nacional de Jean Marie Le Pen. Apelando a la xenofobia y a una visión de la grandeur identificada con el palo y tente tieso –Le Pen era un veterano de la guerra de Argelia– el Frente Nacional fue pasando de simple formación que robaba votos a la derecha clásica para ayudar a la victoria socialista a mucho, mucho más. Hace apenas unos años, hasta la izquierda votó a la derecha en segunda vuelta para evitar que el Frente Nacional se hiciera con la presidencia. Hace unos días, el Frente Nacional ha ganado las elecciones europeas en Francia y ha creado un panorama que puede sumir a toda la Unión Europea en un verdadero callejón sin salida. Pero no sólo en Francia se ha cometido el error de cebar a los extremistas. Hace no tanto tiempo un grupo mediático a punto ahora de echar el cierre decidió promocionar la figura de un personaje que se hacía llamar Pablo Iglesias. Por un lado, pensaron que con los disparates que decía –¿a quién se le ocurre identificarse con el chavismo venezolano?– nunca llegaría a mucho y, por otro, se frotaron las manos pensando en lo que podría perjudicar al PSOE el personaje en cuestión sin beneficiarse él mismo. ¿Quién –se decían– podría en su sano juicio votar ese programa? Como la Historia, incluso la reciente, no es el fuerte de ciertas personas repitieron el error de Mitterrand. Los resultados saltan a la vista. Es cierto que Le Pen era casi Napoleón comparado con el filochavista Iglesias, pero, en el fondo, sus mensajes son muy similares. Se pinta una realidad siniestra que se atribuye a «los otros», se esparce demagogia a raudales y se promete el paraíso utópico que resulta imposible de alcanzar, pero que resulta sugestivo para los golpeados por la crisis o los temerosos del futuro. A decir verdad, Pablo Iglesias puede ser la flor de un día nacida del hartazgo de unos ciudadanos hartos de que los frían a impuestos sin recibir nada a cambio o puede convertirse en el cañamazo para una coalición de izquierdas que, caso de llegar al poder, precipitaría a España en la bancarrota en cuestión de semanas. La Historia presenta lecciones que no se pueden desdeñar y una de ellas es la de que jamás hay que cebar a los extremistas.