Compartir mantel y mesa

La Razón
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El canibalismo se ha mostrado a lo largo de la historia de la humanidad como una manifestación de diversas conductas. La versión más popularizada es la de una patología, gracias al éxito de la famosa novela de Thomas Harris, llevada al cine con el largometraje «Hannibal». Algunas investigaciones han puesto de manifiesto rasgos culturales en esta práctica, tales como la costumbre centenaria y enfermiza de los jemeres camboyanos, que lo practican como símbolo de victoria de sus enemigos.

En otras ocasiones, se pone a prueba el instinto de supervivencia del ser humano que resulta ser demasiado fuerte. En 1959, Víctor Biaka Boda, senador e integrante del Partido Democrático de Costa de Marfil, recibió el encargo oficial de realizar una investigación sobre las necesidades alimentarias de su país, un área subsahariana azotada por la pobreza y la hambruna.

Recorrió el territorio en un minucioso examen de los hábitos alimenticios, sus carencias e incluso la talla de los individuos. De hecho, los demógrafos históricos utilizan el valor de la altura alcanzada por las generaciones como parámetro de la evolución de los niveles nutricionales y, por tanto, de salud.

Cerca de la aldea de Boauflé, en plena selva, tuvo un percance mecánico con su coche y, harto de esperar mientras el conductor intentaba el arreglo del mismo, decidió estirar las piernas y adentrarse en el interior de la espesa vegetación.

Después de andar durante un buen rato había perdido la orientación, y fue entonces cuando descubrió una tribu local. Su aspecto era mejor y su talla más alta. La acogida fue de una amabilidad extraordinaria, de tal manera que por un momento pensó que el nivel socioeconómico de aquellos lugareños era muy superior al resto de la comarca y se dispuso a aceptar la invitación de compartir mesa y mantel. Nunca regresó. Después de una búsqueda exhaustiva durante semanas, se encontraron restos óseos.

En realidad, hay otras acepciones del término canibalismo. En ocasiones se utiliza el vocablo en política y en otros aspectos de la vida, refiriéndose a actitudes de rivalidad, en el sentido de ferocidad y crueldad extrema.

En realidad, la actitud de Podemos hacia el PSOE es un intento de fagocitar no sólo el electorado sino también de vestirse y apropiarse de las ideas de la socialdemocracia, tan denostada por los mismos protagonistas hasta no hace mucho tiempo. Se trata, en definitiva, de acabar con el PSOE para convertirse en el nuevo PSOE. La displicencia con la que el Sr. Pablo Iglesias ha tratado al Partido Socialista en los últimos días ha ofendido a muchos militantes y votantes del PSOE. El líder de Podemos ha intentado tomar el mando de la política española con una jugada estratégica, decidiendo e imponiendo las claves de la configuración de un futuro gobierno.

De momento, intentaban visualizarse en la vertiente institucional, cuestión que es una de sus grandes debilidades. En segundo lugar, se trataba de un intento claro de elaborar un relato electoral para el caso de celebración de nuevas elecciones; si la Dirección socialista rechaza su imposición es la responsable de nuevas elecciones porque no quiso un acuerdo de izquierdas. Si los socialistas aceptan el fondo y las formas del sr. Iglesias, queda claro quién es el líder fuerte de la política española.

Hay un error de planteamiento en toda esta cuestión, el debate se ha orquestado en términos de si el PSOE pactará con Podemos o dificultará un cambio de gobierno. Sin embargo, hay una cuestión previa que no debería haberse obviado, y es que los socialistas hemos obtenido 89 diputados, nos han abandonado 6.000.000 de votantes desde la última vez que fuimos Gobierno y 2.000.000 desde que llegó el Sr. Rajoy a La Moncloa, somos cuarta fuerza política en Madrid, la circunscripción de nuestro candidato, y tercera en muchas ciudades importantes de España. En estas circunstancias, reflexionando políticamente más allá de la aritmética, deberíamos plantearnos quién debe pilotar la nave y hacia dónde, porque nuestra historia colectiva es más importante que nuestras biografías personales.

Los socialistas debemos abandonar cualquier atisbo de ansia por La Moncloa. Un hambre de poder voraz puede llevar a sentarnos a la mesa de un banquete donde pensemos que vamos a saciar nuestras apetencias y necesidades y que, sin darnos cuenta de quiénes son el resto de comensales, comprobemos demasiado tarde que, sencillamente, somos el postre que va a ser degustado.