Creadora y verdugo

Irene Lozano, Toni Cantó, Álvaro Anchuelo, Rodrigo Tena, David Andina, Juan Antonio Horrach, Ignacio Prendes, Luis de Velasco, Fernando Maura constituyen el comienzo de la desaparición de UPyD por obra y gracia del numantino empecinamiento de su hasta ahora líder, Rosa Díez. La calidad y peso de todos esos nombres –entre los que se pueden encontrar dirigentes, diputados, o eurodiputados– configura una carga demasiado pesada para los hombros de la fundadora, por más que quiera negar la realidad y rebelarse contra ella.

Todos han dimitido o han mostrado su irreconciliable discrepancia con la forma de gestionar la andadura de la formación en los últimos tiempos. Y son muchos más los que así se expresan dentro de UPyD. Hasta tal punto ha llegado la situación, que como no reaccione con racionalidad y sentido común, Díez puede verse marcada en la historia del partido como creadora y verdugo de su propia obra. Todo, por no haber escuchado en su día la propuesta de Francisco Sosa Wagner, aquel eurodiputado que veía con buenos ojos la coalición con Ciudadanos, de Albert Rivera. Es más, se apresuró a ejecutarlo.

La rebelión tras el fracaso en las elecciones andaluzas del pasado domingo parece irreversible. O se va y deja a los suyos protagonizar el viaje hacia Ciudadanos, o se quedará sola antes de que lo perciba. En cualquier caso, es posible que haya perdido ya la oportunidad de haber conformado una importante organización de centro. Ahora, lo más probable será, tal como pinta el escenario, una disolución de sus siglas por absorción.

En reflexión sobre estos acontecimientos con mi amigo Rogelio, me recordaba ayer lo que alguien dijo: «Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios». Y válgame Dios afirmar que Rosa Díez sea una cosa ni la otra. Así es la vida.