Cuestión de seguridad

Una sabe poco del tema de las energías y las únicas que controla, y no siempre, son las positivas y las negativas que pasan a los lados y dan o roban según su condición. Pero sí sabe, como todos, que el petróleo no es eterno, y que la placentera existencia a la que nos hemos acostumbrado, tiene mucho que ver con las otras energías, que no se esconden en el fondo del mar. Desde niña llevo oyendo historias terribles de todo lo que se apellida «nuclear». Suena a bomba a Chernóbil y a todo tipo de desastres. El último, el que aún podía haber sido peor en Japón tras el «tsunami». Sin embargo, habida cuenta de la cantidad de centrales que hay por el mundo, más bien parece que, al menos en España, hemos recibido más beneficios que perjuicios de esos monstruos dispensadores de la fatal energía (quitando el accidente de Vandellós, que supuso daños materiales, pero no personales). Ahora la de Garoña, que estaba con el si se cierra o si no se cierra desde hace tanto y que acaba de cumplir su plazo, ha pedido una prórroga, como en el fútbol. Y los ecologistas, han saltado. Lógico. Es su obligación. Ellos hablan de la tranquilidad del pueblo y de los trabajadores. Yo no sé. Qué quieren que les diga, no me parece que en estos días pueda haber tranquilidad cuando andan en juego muchos puestos de trabajo. Lo que sí tengo claro es que más allá de ecologistas, trabajadores o políticos, el que la central de Garoña continúe o no, no debería depender ni de ideologías, ni de rentabilidades ni de beneficios sino, exclusivamente de la seguridad. Ojalá que así sea.