De Coolidge a Trump

La Razón
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En 1923, llegó a la Casa Blanca Calvin Coolidge. Desprovisto de carisma y poco hablador, Coolidge logró que Estados Unidos recuperara la fe en los políticos tras los escándalos que habían caracterizado a sus predecesores. Entregado a la causa de la clase media, Coolidge impulsó la denominada tributación científica, es decir, la tesis de que se recauda mucho más cuando los impuestos son bajos. Su Revenue Act de 1924 libró del impuesto sobre la renta a unos dos millones de personas. En 1927, sólo el 2 por ciento de los contribuyentes, los más adinerados, pagaban impuestos nacionales. Así, Coolidge redujo la deuda nacional en una cuarta parte, controló el gasto y relanzó la economía. Sus acciones se resumían en una sola frase: «Recaudar más impuestos de lo que es absolutamente necesario es un robo legalizado». Esta semana, Trump ha presentado lo que se califica como «la mayor rebaja de impuestos individuales y empresariales de la historia de Estados Unidos». La reforma fiscal de Trump propone reducir de 7 a 3 los tramos del Impuesto sobre la Renta aplicando tipos del 35%, 25% y 10%, respectivamente. Igualmente, ampliará las desgravaciones fiscales para las familias, hasta el punto de que los matrimonios no tributarán por los primeros 24.000 dólares de ingresos anuales. Aumentarán las deducciones fiscales por vivienda y donaciones y se suprimirá el impuesto de sucesiones. En el impuesto de sociedades, el tipo federal bajará del 35% al 15%. Son sólo algunos ejemplos, pero ya con ellos puede deducir el lector el impulso colosal que va a experimentar la economía de Estados Unidos. Temo que no faltarán los que acusen a estas medidas fiscales de populismo intentando desacreditarlas. Sin embargo, es un populismo muchísimo más dañino el prometer bajadas de impuestos para luego subirlos cincuenta veces en el primer año, organizar inspecciones que se estrellan en los tribunales en más de la mitad de los casos, no controlar el déficit o llevar la deuda pública hasta el cien por cien del PIB. Pero es que en esto de los impuestos hay dos bandos. Los que, como Coolidge o Trump, saben que, a partir de un punto, son un robo bajo capa de legalidad que lisia la economía nacional y los que practican con auténtico deleite ese expolio porque es más fácil vaciar los bolsillos de los contribuyentes que frenar los privilegios de las castas privilegiadas.