De héroe a villano

Los medios autodenominados progresistas han iniciado una cruzada contra el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, por la reforma de la ley del aborto. Los mismos que tras las elecciones del 96 pedían que fuera él, y no Aznar, quien formara un gobierno en minoría del PP, se lanzan ahora a su yugular por haber tenido la osadía de modificar la ley que, en la práctica, legalizaba el aborto libre y permitía que las menores de edad interrumpieran su embarazo sin el consentimiento de sus padres. Gallardón, desde que ocupa una cartera en el Gobierno de Mariano Rajoy, se ha convertido en un objetivo político a batir por los mismos que pretendieron, y casi consiguieron, utilizarle como ariete para derribar al presidente de su partido y del Gobierno en los años en los que el PP colocó a España en el mapa geopolítico mundial y a la economía en sus cotas más altas. Pero el hoy ministro de Justicia ha puesto el dedo en la llaga de una izquierda que hace años que ha hecho del relativismo moral su banderín de enganche de una sociedad a la que la crisis ha colocado en un mar de dudas. Sin entrar en el fondo de la cuestión, es decir la conciencia individual, no parece que la nueva ley que el Gobierno tiene que pasar por el Parlamento sabiendo que saldrá adelante con su mayoría represente atraso alguno salvo para quienes son partidarios del todo vale y apuestan por la banalización de todo, incluido el derecho de los no nacidos. Esta ley es cualquier cosa menos nueva. Es prácticamente un calco de la que se aprobó en los años en que el PSOE gobernaba con Felipe González a la cabeza. La misma que Aznar no tocó en ocho años de poder. Y siendo así resulta cuanto menos hipócrita que se pretenda convertir a Gallardón en villano por parte de los mismos que quisieron hacer de él un héroe.