De Lezo a Rajoy

La Razón
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Tener convicciones en este mundo de hoy no es ninguna broma. Los héroes las tienen. Y no deja de parecer una provocación que la Guardia Civil pusiera el nombre del almirante español a su operación por la vinculación de este con Cartagena de Indias, ciudad en la que supuestamente fue espiado Ignacio González.

Blas de Lezo y Olabarrieta, uno de los mejores almirantes de la Armada Española, había nacido en Pasajes de san Pedro, Guipúzcoa, en 1689. A los quince años, mientras combatía en la batalla de Vélez-Málaga (Guerra de Sucesión), una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda y tuvieron que amputársela sin anestesia, por debajo de la rodilla. Dos años después, en el sitio de Tolón (Francia) una esquirla le reventó el ojo izquierdo; y ocho años después, en el asedio de Barcelona, un balazo de mosquete le dejó el brazo derecho sin movilidad hasta su muerte. Pero aquel medio hombre como le decían consiguió victorias sobre los holandeses, ingleses y corsarios que han pasado a lo mejor de nuestra historia. Como su defensa de Cartagena de Indias, de donde ha venido el bautismo con su nombre de la operación contra el ex presidente de la Comunidad de Madrid. Si me he detenido en algunas de las heridas de guerra –fueron más– del héroe español es porque al margen de su asociación con la ciudad colombiana, el tullido Lezo tiene un paralelismo cada vez mayor con Mariano Rajoy. En el caso del Presidente del Gobierno no ha habido ni cañonazos ni esquirlas, pero la corrupción ha sido la metralla que ha destrozado el Partido Popular durante su presidencia. Y los casos Bárcenas, Gürtel, Púnica, Palma Arena, Valencia, Murcia, Rato, y ahora Lezo, han conseguido minar su gestión –con más luces que sombras– por encima de cualquier acción de Gobierno. Su propia citación en la Audiencia Nacional, aunque sea en calidad de testigo, abre otra vía de agua en la imagen que lo vincula con las etapas más putrefactas de su partido.

Es verdad que nadie como el presidente del Gobierno para aguantar y soportar tantas heridas de guerra, de guerras que tampoco fueron las suyas, pero que le han pillado siempre de por medio. Pero aunque su capacidad de encaje sea bien conocida, eso ya no basta. O hace cambios urgentes de las personas vinculadas al pasado, o el cambio será él mismo.