De mociones y de emociones

La Razón
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Pues no se crean: la moción de censura tampoco le ha salido tan mal a Podemos, aunque solo sea porque de entrada se sigue hablando de ella; incluso los que no vieron ni escucharon un solo minuto saben que a Montero y a Iglesias se les fue la mano con el tiempo y que Hernando no tiene filtro. El portavoz del PP le ha regalado a Podemos la tinta de calamar que necesitaba para desviar la atención y lo ha hecho diciendo una verdad como un templo: que Irene estuvo cien veces mejor que Pablo. Lo de la pareja sobraba, porque aunque Ana Botella se pasara sus años de alcaldesa siendo «la mujer de Aznar» sin que nadie se echara las manos a la cabeza, la nueva política lleva fatal que se hable de relaciones personales aunque sean públicas y manifiestas. Si Montero no fuera la pareja de Iglesias quizá no sería portavoz parlamentaria... o sí; y ahora que lo es, quizá sea porque es la pareja de Iglesias... o no. En política, y en el mundo laboral en general, se maneja muy alegremente el argumento sentimental como munición de descrédito, y la verdad es que resulta curioso porque, según el último informe de la EPA, el 41% de los jóvenes que ha encontrado trabajo lo ha hecho gracias a las relaciones familiares. Somos un país en el que políticos y no políticos seguimos demostrando amistad o agradecimiento con una buena recomendación; una práctica perfectamente asumida que solo escandaliza cuando el trabajo lleva aparejado un cargo o un sueldo de más de dos mil euros. Enchufados en el Congreso hay unos cuantos. Y no creo que sea el caso de Montero que demostró ser una muy buena parlamentaria. Seguramente la mejor que su grupo podía haber elegido. Seguramente mejor que el propio Pablo.