De vuelta

Sin más industria que el nombre y el apellido –palabra de Raúl del Pozo–, ni más patrimonio que la firma, después de una semana de mirar y mirar, leer y leer y nada de escribir, la columna sale al encuentro, indómita, exigente, espacio reservado, sin que entre el año pasado y el presente esas cosas del deporte y esas cosas de la vida hayan cambiado. Ha salido a la luz lo que era un secreto a voces, que Messi y sus cualificados compañeros de zamarreta pedirán la cuenta si esa improbable independencia les independiza de la Liga.

Tampoco es novedad que al trote el Madrid se despanzurra en los albores de 2018 como predecía en los estertores de 2017. Alfonso Ussía, mientras nos felicitamos el año, encuentra más culpables que explicaciones en la deriva de su equipo. La gestión de Zidane ya no le convence, ni Isco ni Marcelo, y se pregunta qué le ocurre a Cristiano. Es partidario de fichar, ¿a quién? «Alemanes». Como si la desidia de Kroos no fuera suficiente aportación germana. El cansancio prematuro de Modric, la abulia de Ronaldo, la inmadurez de Achraf o el mal fario de Benzema, que no jugó en Vigo, son losas tan pesadas como el bloqueo del entrenador. Si los jugadores del Madrid corrieran tanto como Iago Aspas y jugaran con la vehemencia de este futbolista al que el Celta se le queda pequeño, seguro que entre el líder y ellos no habría 16 puntos de diferencia.

El Barça de Valverde –piedra angular, estrategia y conocimientos– gana sin recitales y ha hollado la cima tras la fuga de Neymar y la lesión de Dembélé. Mérito. Más aún después del baldón supercopero. Invicto, líder y lanzado, se ha reforzado con Coutinho, a quien los especialistas no dudan en comparar con Iniesta. Palabras mayores. Ha cambiado cantera por cartera, derrocha. Imita lo que con envidia malsana criticaba del Madrid, este Madrid que si no se encuentra pronto terminará perdido del todo.