Debate electoral

Siempre he mantenido que este invento moderno del Debate sobre el Estado de la Ciudad, ha querido ser una copia de los debates sobre el Estado de la Nación o de la Región, con idéntico resultado final: sirve para muy poco, porque el estado de la ciudad se pulsa en el día a día, con sus luces y sus sombras, sus duelos y quebrantos, sus riquezas y miserias. El diagnóstico político en nada varía de un año para otro. Para el equipo de gobierno municipal, Madrid goza de una salud envidiable; para los grupos de la oposición, el estado es preocupante y precisa de un tratamiento de choque.

Pero el Debate sobre el Estado de la Ciudad, celebrado ayer, ha sido diferente, porque era el último del actual mandato, y en consecuencia, una oportunidad para ir desgranando propuestas de cara al futuro, es decir, para las elecciones de mayo de 2015. Esta circunstancia hizo que viviéramos un debate puramente electoralista. La alcaldesa, de la que cada vez tengo menos dudas de que está dispuesta a presentarse como cabeza de lista del PP, lanzó veinte iniciativas muy concretas, dos de carácter urbanístico, como la reforma de la Plaza Mayor y de AZCA; otra de carácter social: el servicio de comida a domicilio en verano, para paliar la precariedad de muchas familias, y las de índole económica, que son las que más directamente llegan al bolsillo del ciudadano. La hoja de ruta económica de Ana Botella tiene tres metas: menos impuestos, más inversiones y más calidad de vida, una trilogía a primera vista interesante, que podría ser la base de una propuesta electoral. Las cuentas municipales han mejorado lo suficiente como para hacer posible estas iniciativas, que hace poco más de un año habrían sido impensables. La oposición en su conjunto piensa que no es tan manso el morlaco como lo pinta la alcaldesa, y critica duramente el estado social, económico y urbano de Madrid. La mente ya está puesta en el año electoral que se nos avecina, aunque ninguna de las cabezas visibles de los cuatro grupos políticos tiene claro qué va a ser de ellos cuando llegue la cita con las urnas, sólo el portavoz de Izquierda Unida, Ángel Pérez, se ha autodescartado; a los demás los tienen que descartar o confirmar sus respectivos partidos.