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Dejar prisioneros

Definitivamente no hay ambiente electoral. Las acciones violentas en Cataluña han acaparado toda la atención y a falta de 20 días, cada vez es más difícil hacer un pronóstico. Lo único claro es que cuando el asunto catalán experimenta un pico de conflicto, las posiciones más polarizadas son las grandes beneficiadas.

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Esa es la razón por la que al PSOE la mayoría de encuestas le dan un estancamiento, e incluso alguna una caída, y que el Partido Popular aparezca como el gran beneficiado.

También está sirviendo para que Vox recobre parte del impulso que había perdido, se calculaba que un 30% de su electorado había sido absorbido por el PP, pero la barbarie vivida en los últimos días han llevado a los ultraderechistas a frenar la pérdida, por ello han decidido iniciar la campaña electoral en Cataluña, en un intento por no quedar descolgados de la carrera electoral.

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De la caída de Ciudadanos, nada está siendo capitalizado por Pedro Sánchez, era previsible para todo el mundo excepto para el asesor áulico de la Moncloa que no entendía que a Albert Rivera el 28A le votaron los que rechazaban a Sánchez, pero que querían castigar a los populares.

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Sánchez sigue convencido de que habrá una importante movilización del voto a favor del Partido Socialista el 10N, pero a casi nadie le parece verosímil. Los sociólogos calculan que hay un millón de votantes que dieron su apoyo a Sánchez hace 6 meses y que hoy se declaran abstencionistas, la gran incógnita es saber qué van a hacer, aunque lo más probable es que no hagan nada.

La sensación de decepción entre los votantes de izquierdas es generalizada y ya nadie tiene miedo a Vox, la extrema derecha más deslavazada de Europa, por lo que no va a generar voto útil. El elemento movilizador ahora es el de los nacionalismos, centralista e independentista, un terreno de juego donde los socialistas siempre pierden.

Además, los independentistas tienen a su favor la campaña, Sánchez está convencido de que la crisis llegará a la víspera electoral y eso es una mala noticia para él por dos razones. La primera es que cuando un conflicto se prolonga desgasta a todas las partes, hasta para Sun Tzu era una de las prácticas prohibidas en la guerra.

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La segunda razón es que una crisis sin resolver es peor que una mal resuelta. La confianza se verá resquebrajada y la sensación de insolvencia será explotada por la oposición.

Sánchez jugó fuerte, cuando quiere sabe ser persuasivo, pero no quiso porque le pudo el deseo de acabar con sus adversarios y unas nuevas elecciones eran el instrumento adecuado.

Los sondeos de todos los medios de comunicación que se iban publicando y los del CIS, convertido en la gubernamental, terminaron de hacer el trabajo, pero las urnas son una cosa muy seria porque cualquier circunstancia puede actuar como detonante de un gran cambio. El PSOE puede terminar peor que cuando empezó la aventura electoral porque hay a quien no le gusta dejar prisioneros.