Desnúdese, Sr. Naranja

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En la película «Reservoir dogs», aquel balazo en las tripas en la que Tarantino nos enseñó que los criminales también hablan de cosas banales, como la importancia de dejar propina, todos los personajes respondían a un color. Ya que el filme tiene sus años puedo permitirme un «spoiler». El Señor Naranja, magnífico como suele Tim Roth, tomaba el papel del policía infiltrado que va desangrándose durante todo el metraje hasta la apoteosis final sin que ante el asomo de la muerte delate su intención última. Hay quien sostiene que Albert Rivera, nuestro Señor Naranja, es un advenedizo de la política, el tapado que manifestará antes del The End si es un infiltrado de los socialistas o de los populares. De entrada le borraría lo de advenedizo, no ha lugar para quien ya ha demostrado que puede ilusionar a una importante suma de votantes y que renueva el aire viciado de la endogamia parlamentaria. Rivera, al contrario que Coleta Morada, no gasta esa caspa revolucionaria que va desapareciendo de las urnas tras el champú tratante de Grecia o de Venezuela. Su mensaje es positivo. Que la bisagra ya no sea nacionalista sólo puede ser bueno vista la paranoia de los indepes. Pero en su bella ambigüedad no acierto a responder si llegado el caso sería el infiltrado que aspira a desalojar a Rajoy de La Moncloa. Eso parece. En el mundo de las apariencias, de la que el líder de Ciudadanos se nutre, uno puede parecer oro y luego ser bisutería. O al revés. Ciudadanos tiene un hermoso cuerpo centrista y una cabeza socialdemócrata alimentada por los Sres Grises que huyeron en la estampida secular del PSC, cuando los socialistas catalanes estaban entre el hola y el adiós a España que les ha llevado al peor resultado de su historia a pesar de que subiera la fiebre del sábado noche de Miquel Iceta, mosquita muerta ahora transformada en abeja reina. Los Sres y Sras Azules que dieron la mayoría absoluta al Partido Popular y quieren castigar con un pellizco a Rajoy han de conocer a quién disparará el Sr. Naranja antes de los títulos de crédito y que votar a Ciudadanos no es hacerlo a la reencarnación telegénica de Adolfo Suárez. Igual así consigue más apoyos. O tal vez menos. Rivera todavía no se ha mostrado desnudo. Lo del cartel fue marketing del bueno. Ahora toca el streeptease ideológico. El caso es evitar decepciones o alimentar la alegría. Ciudadanos es una excelente opción de centro izquierda, no es el centro ni el centro derecha. No defiende esos principios. Tampoco la chispa Orbyn de cuando Pedro Sánchez reta a Podemos. El mantra socialista y bribón de que Rivera es «la derecha civilizada» es el eslogan mentiroso de los que temen que los españoles elijan entre dos guapos. En el recuento de diciembre se verá, como reza el dicho, si la suerte de la fea la guapa la desea. No estaría de más que, como en los concursos de misses, respondieran a algunas preguntas además de pasear en traje de baño.