¿Diálogo? No, gracias

Artur Mas, delante de la tumba de Francesc Macià, redobló su desafío y desoyó las apelaciones del Rey Juan Carlos a la generosidad de las fuerzas políticas «para comprender las razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario». En las formas, el nacionalismo catalán con su presidente a la cabeza habla de diálogo pero en el fondo Mas, y los suyos, no tienen ninguna intención de dialogar. Buscan la confrontación porque han llegado a la conclusión que la independencia es «ahora o nunca». En el Palau de la Generalitat importa un pimiento lo que dijera el Rey. Importa un pimiento que los socialistas hagan una propuesta de reforma de la Constitución.

El único diálogo que está dispuesto a aceptar es el asentimiento y la aceptación a sus postulados. Como la imposición de sus presupuestos es imposible, el nacionalismo pretende hacer del fracaso del diálogo un instrumento para mantener encendida la confrontación para que su proceso de transición nacional llegue a buen término.

El primer acto de esta estrategia se produjo cuando Mas llegó a La Moncloa con el Pacto Fiscal bajo el brazo. La reunión con Rajoy duró apenas una hora. En esa hora, Mas consideró que el Estado cerraba las puertas a Cataluña. Dio por finiquitada la negociación y convocó elecciones. Durante este año, hemos tenido nuevos actos de esta estrategia que trata de explicar a los catalanes que «España no nos quiere». Ni siquiera que el Estado pague las facturas a los proveedores, que pague los intereses de la deuda, que se hagan realidad reivindicaciones como el AVE, sirve para apaciguar los ánimos.

Ahora, el nuevo acto del nacionalismo catalán es evidenciar que los españoles no dejan votar en libertad a los catalanes. Como su derecho a decidir ha sido un puñetero fiasco en el ámbito internacional, quieren presentar a España como una pseudo-democracia que coarta el derecho democrático de votar a una parte de sus ciudadanos. No en vano, TV3 nos deleitó el día de Navidad con la repetición del «Concierto por la Libertad», un acto de propaganda que deliberadamente confunde libertad con independencia.

Como catapulta, el próximo 15 de enero el Parlament votará por pedir las transferencias al Estado para hacer un referéndum. No se trata de que el Estado las otorgue, se trata de que el Estado diga que no. Para el nacionalismo, el mejor diálogo se aparenta pero no existe. ¿Diálogo? No gracias. ¡No vaya a ser que encontremos puntos de encuentro!