Ejemplaridad y regeneración

Es lo que los españoles estaban esperando como agua de mayo. Y ha llegado. El Partido Popular ha entendido que en la lucha contra la corrupción, como en casi todo, el movimiento se demuestra andando. Y lo que hace es simplemente atender e intentar trasladar legislativamente un clamor popular: los ciudadanos deben ser tratados por el Estado de la misma forma que los partidos políticos. O al contrario: no merecen estos últimos una serie de privilegios antidemocráticos o jugosas prebendas de las que son privados los primeros. Es así.

Hay dos cuestiones que preocupan y ocupan cada día a más compatriotas de infantería. Primero, la financiación de las organizaciones conducidas con el fin de servir al interés general y articular la vida pública. Segundo, la relación de estas organizaciones con los bancos, y los gestos que tienen los banqueros de cuando en cuando con quienes deberían limitarse a dar ejemplo y atender las necesidades de la gente corriente.

Y es un hecho que Rajoy y su gobierno han salido al paso de esas demandas. En la dirección correcta. En la medida adecuada. Es algo así como un «¡oído cocina!». Se trata de un paso decisivo que sin duda va a ayudar a que todos recuperemos un poco la confianza que habíamos perdido en quienes nos gobiernan o les controlan desde la oposición. No es un milagro, pero éste es el camino.

Es verdad que llega muy tarde. Pero al Partido Popular hay que reconocerle el mérito de saber poner la oreja en la calle para saber lo que se comenta, lo que inquieta y por qué. Ahora sólo falta que el resto de formaciones tengan una altura de miras propia de esta encrucijada histórica. Los partidos políticos deben tener una tesorería cristalina. Pueden hacerlo. Se les quiere ayudar. Y ésta es la fórmula.